Miércoles, 20 de septiembre de 2017

El Toscano

Para Margarita, Patricio y Manolo

Hoy voy a compartirles una de esas curiosidades que me encantan… En México, en este DF en el que vivo, hay un café Toscano, con varias sucursales, que se llama así por el de Salamanca… Sí, por nuestro Toscano, un lugar que es medalla de plata, creo yo, en la lista de sitios para quedar en Salamanca… Después de debajo del reloj, donde más se queda, o por lo menos, se quedaba, es en el Toscano (idea propia, pensaba; sin embargo, buscando datos, la encuentro en Internet, escrita por Ana Cuesta; dejo el crédito).

Pues les decía que estos cafés de México –repartidos por la Condesa y la Roma, dos colonias muy hermosas de esta hermosa ciudad, con uno recientemente abierto en San Ángel, muy cerca de mi trabajo– se llaman así gracias a otro charro de dos orillas como el que les escribe: Manolo Fontanillo, del que ya les he hablado; es un joven de mi edad, nacido acá pero de padre salmantino que ahora, por azares del destino, vive en Salamanca con su mujer y su hijo Patricio.

Por esas cosas de la vida, nos encontramos en las redes sociales –“oye, ¿tú por qué escribes tanto de Salamanca?”, me preguntó la primera vez–; físicamente, nos conocimos en mi reciente viaje a Salamanca: compartimos charla, café y familia, no necesariamente en ese orden, y quedamos para vernos en México, adonde ellos vendrían a pasar las Navidades.

Así, el otro día, retomamos la charla en uno de los Toscano de acá, el suyo… En Salamanca, habíamos pasado por el Toscano, aunque terminamos en el Bécquer, por aquello de sentarnos.

Aquí, en el Toscano del Mercado (de Michoacán), en la Condesa, Manolo, además de contarme cómo pensó en ese nombre porque era un recuerdo hermoso de sus primeras visitas a Salamanca, me presentó a Margarita, su esposa –yo fui con Pilar, claro–. Supimos que ese nombre se fue quedando, como buen café, en los paladares de nuestros amigos y sus socios, Alejandra y Fernando…

La charla, aromatizada de café, nos llevó de este Toscano chilango al de allá, otra vez, y hablamos de los dos años que estos amigos llevan viviendo en Salamanca, y de lo difíciles que podemos ser, a veces, los charros…

Por todo ello, hoy, día de Navidad, quiero hacerles, hacerme, hacernos, a ellos, a mí, a ustedes, el mejor regalo… La amistad… O sea, paisanos, ahora que los Fontanillo Bernot regresen a Salamanca en enero, como dicen acá, ahí se los encargo, ¿eh? Me los cuidan, pues. Y pa

¡Felices fiestas!

 

P.S.: La foto que ilustra el artículo la subieron a Twitter hace un ratito quienes en ella aparecen… ¿Los han reconocido?... Sí, acertaron; son los muchachos de La Oreja de Van Gogh, LOVG, en moderno…

@ignacio_martins

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