Miércoles, 20 de septiembre de 2017

Irse de casa

Irse de casa es volver, disfrutar de darse cuenta de que hacerse mayor es aceptar –y aceptarse– e intentar trasmitirlo.

11, 12, 14… Hasta la secuencia quedaba curiosa…

Al inicio de este viaje, como de cualquiera, elegí un libro para ir leyendo en el avión… Uno o dos, como mucho, que me conozco y luego allí siempre compro, o sea, que para el regreso iba a haber lectura, seguro. Busqué, pues, un libro que abultara poco, me apeteciera, me “dijera” algo… Y me encontré con Irse de casa, de nuestra paisana Carmen Martín Gaite.

Ahora, el 11 del 12 de 14 –¿ya entienden la secuencia?–, en el avión, escribo casi en automático y soltando alguna disimulada lagrimita, justo después de acabar la lectura de una novela que no es que “me dijera” algo, sino que se reveló como toda una epifanía.

La Martín Gaite ubica su novela –para quienes no la hayan leído– en una ciudad española de provincias, para nada Salamanca, a la que, cuarenta años después de partir, regresa de incógnito alguien que salió de allí… No cuento más, léanla…

Decía John Lennon que “la vida es eso que pasa mientras te empeñas en hacer otros planes” (o algo así, les digo que estoy escribiendo en automático) y esa novela se trata de algo tan simple como eso. Irse de casa reflexiona sobre las tantas vidas que se gastan sin vivirse, nos pone ante la dicotomía de viajar yendo o estando…

Irse de casa me dijo que se puede ser más de Salamanca –o de donde sea– 22 años después y en otros sitios, siendo, además de los otros sitios… Y se puede no ser de ninguna parte, ni de uno mismo, sin haber salido de unas pocas calles. Eso le puede ocurrir a quienes, en vez de dejarse atrapar por los sueños, para vivirlos cuando van apareciendo, viven las ansias, que sí los atrapan y carcomen.

Irse de casa es volver, disfrutar de darse cuenta de que hacerse mayor es aceptar –y aceptarse– e intentar trasmitir eso: que hay que vivir, que la felicidad consiste en eso, en vivir y, de vez en cuando, pararse a tomar algo y ver que vas llegando a los sitios a los que querías ir, sin saberlo no pocas veces.

“No le metas de esa manera en el cuerpo el miedo a vivir, jolín, que está en lo mejor de la vida. Te contesta mal porque la hartas. En esta casa, si quieres mi opinión, lo que falta es un poco de risa…” (p. 308, Irse de casa, Carmen Martín Gaite, Editorial Quinteto)

La cita no es reclamo ni justificación. Ni siquiera disculpa, aunque ahí sí, bueno, un poquito.

Es, simplemente, un párrafo que me hizo reír y llorar.

Gracias por todo, a todos.

Hasta la próxima.

@ignacio_martins

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