Miércoles, 22 de noviembre de 2017

¡Cheeeeeeeenchoooo!

Déjenme decirles que, de un tiempo a esta parte, en México, por lo menos desde septiembre –el “mes patrio”, porque se conmemora la Independencia–, se empiezan a poner “navideños” los centros comerciales y los supermercados; sin irse del todo Zapata y Pancho Villa, llega el final de octubre y el inicio de noviembre, y lo independentista y lo navideño conviven con el Día de Muertos, cuando nuestros muertitos, los de cada uno, vienen a visitar los altares de muertos que con su tequilita y comidas favoritas, se les ponen; llenos de velitas, para marcar el caminito; esos altares, hermosos y tradicionales, conviven con las calabazas con ojos y los disfraces jalogüinescos... Ya es mezclar, ya... pero bueno, es signo de los tiempos. Tampoco es tan grave…

Volvamos a los anacronismos con las fiestas. No sé si en España se den. Imagino que sí. He leído no pocas quejas sobre el “adelantamiento” navideño.

A mí, la verdad, me saca lo medio grinch, lo confieso; pero eso, solo medio, porque aunque a veces protesto, a la vez, sigo llorando como magdalena con Qué bello es vivir, Milagro en la calle 34 o, confesión mayor, La familia, sí, la de Alberto Closas; por eso el título, referencia clara, al menos para mis colegas cuarentones y más; Pepe Isbert llamando a Chencho en la Plaza Mayor es, junto al vuelve a casa por Navidad, las muñecas de Famosa, los langostinos y el “entripao” camino de la Misa del Gallo, uno de esos recuerdos imborrables.

Yo creo que por eso Cuéntame cómo pasó ha tenido tanto éxito, porque nos tocó las fibras, al menos a los de mi generación, que ya aceptamos ese puntito algo kitsch, no lo niego, que compartimos con los Alcántara: primero quizá nos provocó un poquito de apuro pero, ahora, no nos lo quita nadie. En fin, que lo disfrutamos... pero desde septiembre, la verdad, cuesta un poquito más.

Con eso de adelantar tanto, llegan los días de salir a comprar regalos y ya está uno harto de papanoeles –en México, santacloses… y este fue el mexicanismo de hoy– y lucecitas. Si hay una conjura para acabar con el espíritu navideño, creo que eso les está saliendo bien.

Si solo es por vender, de verdad, hay maneras.

Yo, de momento, confieso que ultimé este artículo en Madrid, camino de la Plaza Mayor… A ver si, por fin, aparece Chencho y me tomo un chocolate con churros con el abuelo. O un bocadillo de calamares.

@ignacio_martins

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