Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Grande, grande, grande…

Desde siempre esta ciudad ha sido grande. Vamos, que lo de megalópolis ya era un apellido que pudo haber dicho Hernán Cortés, pero es que su latín era más de la zona bética...

En fin, que lo de la grandiosidad, se nota; “lo que natura no da…”. Y porque Salamanca me prestó a estas tierras, les diré que algo tiene este inmenso valle que atrapa.

Desde que llegué a México, paso el tiempo oyendo a chilangos, y no, despotricar contra la ciudad, protestar con vehemencia y asegurar que pronto se van a la tranquila vida de provincia, porque aquí no se puede vivir, aunque Cristina Pacheco, viuda de José Emilio, tenga hasta programa de tele titulado “Aquí nos tocó vivir”.

Sin embargo, esa conversación a la que aludía tiene algo un tanto curioso: siempre se repite, con las mismas personas y otras nuevas que se van sumando; pero nadie se va… Vamos, el tiempo cíclico de Octavio Paz hecho conversación… El pedro páramo de las charlas…

Desde luego, esta es una ciudad en la que las distancias, para llegar a cualquier lado, en otro lugar serían consideradas excursiones de un día, algo que puede cansar a cualquiera.

Y sí, por supuesto, la agresividad de muchos, y la inseguridad, y…

Que sí, que es difícil que en un lugar donde viven más de 20 millones de personas haya calma total; vamos, que si en vez de México DF fuera Estocolmo DF, me da que también habría algo de desmadre y, además, con perdón, qué joda, las gorditas, en lugar de ser de chicharrón, serían de arenque ahumado… Como diría un tepiteño de pro, “no mames, güey”.

Y además, toda moneda tiene dos caras, o sea, siguiendo el argumento comidativo, aquí podemos comer casi casi lo que queramos, y a cualquier hora… Vamos, que un gallego puede ir al mercado de San Juan y encontrar un queso de tetilla que a lo mejor no encontraría tan fácil, no sé, en París, por ejemplo. O un buen vino de Ribeiro; es más, un castellano de pura cepa, como yo, puede encontrar aquí una sabrosa morcilla de Burgos (la de arroz) que no me sería tan fácil conseguir, se lo juro, en Salamanca, que está bastante más cerca de Burgos que esto… Si un día llego a encontrar farinato, o morcilla de piñones, me da algo…

¿Ya se comieron su pinchito?; disculpen, no quise hacerles la boca agua, es que estaba escribiendo un poco antes de comer…

Hablando en serio, bueno, un poco más en serio, creo que la comida une, que somos de dos países en los que vivimos para comer y no comemos para vivir…

Creo que por eso me cautivó esta ciudad desde el principio, por eso me siento chilango y charro de dos orillas… Ni modo, aquí nos tocó… tragar.

@ignacio_martins

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PD: La foto, de Pilar Leal, está tomada desde el Bellini, un restaurante giratorio ubicado en la torre del WTC Ciudad de México. Busquen, busquen, se ve la Plaza México, la plaza de toros más grande del mundo (caben más de cuarenta mil personas).