Viernes, 22 de septiembre de 2017

Con Trudy en la playa

A mí, el “cerrado por vacaciones” me ha hecho poca justicia; en mis “años Cuéntame”, no disfruté de casa en el pueblo, era niño de la capital, o sea, que lo rural para mí era campamento y camping familiar…

Ya de mayor, con el reinicio vital en México, los años de “estudiambre” (o “estudihambre”, tengo serias dudas con este mexicanísimo neologismo) se prolongaron y, cuando se puede, desde hace más de 20 años las “vacaciones” suelen consistir ir a España a ver a la familia…

Las vacas un poquito más gordas, es decir, cuando Pilar y yo hemos podido ya juntar dos sueldos, lo difícil es que coincidan los periodos de descanso; para que me entiendan, la última vez que fuimos a España juntos fue en las navidades de 2011, y, de veras, fue una de esas casualidades que de repente pasan, una conjura de los astros.

Por eso, desde hace un buen rato, las vacaciones son a cachitos, fines de semana que podemos juntar, tres días como mucho… Antes, la opción siempre era coche, sitio más o menos cercano, no conocido y llegar a caminar, pasear, conocer el lugar… Sin embargo, últimamente –cosas de la edad– eso de ir a un destino de playa y no hacer nada nos está gustando… La playa más cercana al DF es Acapulco, poco más de 4 horas de coche… Este año hemos ido un par de veces, por lo que ahora nos apetecía cambiar, además de que, si ven las noticias, estarán enterados de cómo se han puesto las cosas por allá… Por eso, cuando juntamos la posibilidad de un “finde” desde viernes y un descuentillo en Aeroméxico, buscamos otro destino… Y fue Huatulco, con fama de bonito, toque hippy, tranquilo… Pero no contábamos con Trudy

Perdonen el engaño, sé que empezaron a leer pensando encontrar algo morboso y pues no, nada más hice trampa publicitaria en el título, Trudy es el fenómeno meteorológico que siguió a uno (o una) cuyo nombre empezó por “s”.

Ya estoy de vuelta, tranquilos, la aventura estuvo tranquila; no vimos el sol y ya, tampoco voy a inventarme cosas…

La verdadera aventura, sobre todo, fue disfrutar… de disfrutar…

Disfrutar de que también con la lluvia, una bahía rodeada de montes verdes es hermosa, aunque no haya sol… Disfrutar de la gente del lugar , que agradece que vayas en esos días en los que “no hay chamba” y se desviven porque, ya que no te tocó sol, te lleves un recuerdo bonito… Gracias, Antonio y gracias, Yuri, barca y esposa; a la primera la vimos en foto y a la segunda tuvimos el gusto de conocerla porque, en otra de esas casualidades –como la de que mi piloto globero de hace un par de artículos se llamaba como yo me apellido–, Antonio nació, como yo, en julio del 68… Y le hizo gracia y lo que empezó como paseo en coche ya-que-no-se-puede-en-barca –“Yuri”– terminó en un muy buen rato, más allá del “negocio”. Como las casualidades no suelen venir solas, abajo tienen los datos de Antonio, por si alguna vez visitan esas tierras…

Disfrutar también de que un desayuno bufé mexicano lo es de verdad, y empacárselo con calma y mirando a un mar encrespadillo –la foto no hace justicia– es una delicia como hay pocas… Y les cuento que uno de los muchos ingredientes de ese desayuno eran chapulines, ¿saben lo que son?,  pongo otra foto para que adivinen…

Por si fuera poco, si en medio de ese descanso le dicen a uno que ya le tienen sus entradas para el Bernabéu, o sea, que por fin voy a poder ver al Real Madrid, ahora que vaya –porque, para lo merengón que soy, debo confesar que no he entrado nunca en tan sagrado recinto– pues ya es el acabose… O el empezose del próximo viaje… Ahí les voy, mis charros de allá… Ya les iré avisando…

@ignacio_martins

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