Domingo, 17 de diciembre de 2017

¡No quería hacerte daño!

¿Cuántas veces ha dicho estas palabras a alguien que le importa?

¿Cuántas veces ha sufrido por lo que han hecho personas que le importan?

Aunque sean pocas, que probablemente no lo serán, seguro que son más de las que hubiese deseado, y es que aunque no queramos, aunque no haya intención, en ocasiones nuestro comportamiento hace daño a quienes queremos, y en otras ocasiones el comportamiento de las personas que queremos nos hace daño a nosotros.

Esta reciprocidad debería hacernos más indulgentes, sin embargo no es así, pues parece fácil darse cuenta de que uno no tenía mala intención en su conducta, pero no es tan fácil restarle mala intención a la conducta del otro.

Muchos de los conflictos que tenemos con nuestros seres queridos tienen como base estas interpretaciones, y desde mi experiencia personal y profesional en mediación, donde la materia prima es precisamente el conflicto, somos tan torpes en nuestras interpretaciones de los comportamientos de los demás como en nuestras acciones, torpeza que lejos de ser reconocida utilizamos para dar forma a verdades consideradas como absolutas que sirven  para posicionarnos rígidamente en la contienda, dejándonos llevar por el sufrimiento que causa la mala intención interpretada, tanto cuando se nos malinterpreta como cuando somos nosotros los malinterpretados.

Esa rigidez no nos permite escuchar, y por lo tanto, entender, qué pasa, qué le pasa al otro e incluso qué nos pasa a nosotros mismos, sin embargo, sin la escucha y sin la compresión, si nos atrevemos a juzgar, el problema es que, de esta manera, tenemos muchas probabilidades de errar en nuestra sentencia.

Quizás el tiempo puede deshacer el entuerto, o quizás no, pero si cada vez que aparezca en nuestras relaciones  un “no quería hacerte daño”, flexibilizamos nuestra mente, ponemos atención a lo que el otro nos cuenta y, sin defendernos ni atacar, contamos lo que nos pasa, estaremos más cerca de resolver el conflicto.

Por cierto, por si no lo sabía, la mediación facilita entender el conflicto de maneras más constructivas para todos