Miércoles, 20 de septiembre de 2017

Presiento, querido Chema, que siempre nos quedarán las librerías...

Moito obrigado, amigo, para a inspiração

Mi amigo Chema, filólogo como yo, resulta que por esos andares de la vida se ha ido a trabajar, un año, a Brasil, donde se encuentra con Pilar, otra nativa de la generación 86-91 de la Facultad de Filología; al rato conocerá el Amazonas y alrededores Marga, la pareja de Chema, así como sus hijos; y ya saben que un servidor, con su respectiva Pilar, lleva décadas haciéndose mexicano sin dejar de ser charro de allá…

Además de pensar que, para ser una carrera “sin salidas” –ya entonces– no nos ha ido mal a la mayoría –saludos a Ángeles, Alegría, Pepe, Isa, Noemí, Juan y todos los que se quedan en la memoria –y los caracteres contados–, pensé en esto de las nuevas vidas, que a algunos nos han llevado, incluso a nuevas nacionalidades, históricas o no.

En ello pensaba cuando veía las noticias sobre Escocia y su no a la independencia. Una decisión legal, allí sí, con debate, sin [tantas] descalificaciones; desde luego, sin inventar agravios ni contar como tal lo que, como mucho, podría ser considerado discrepancia…

Uno, que sigue siendo salmantino, castellano y leonés (es [un poco] broma), español y desde hace más de 10 años, también mexicano, sabe que es cierto eso de que el nacionalismo se cura viajando… Y lo digo siendo nacional, por elección, de un país tremendamente nacionalista y en el que no pocas veces me siento mexicano pero en un nivel distinto…

En esto estaba cuando el citado Chema me citó en una foto para ver si me animaba a hacerla artículo… La foto era del estante dedicado a poesía en una librería en Belém do Pará… Pocos libros, poquísimos, ninguna novedad, una penita… Aunque el amigo Chema veía con esperanza las posibles nuevas formas de relación entre poetas y lectores de poesía…

Y ahí pensé en el verdadero nacionalismo; la patria de los afectos, los amigos, los gustos… Y que sí, que llevo ya varios libros y que el último, según Facebook, le ha llegado a casi 1000 personas… No es un mal tiraje…

Pensando en eso recordé un libro de esos inacabados, que no sé si acabe alguna vez, titulado Ver volver… Sí, como decían en el 98…

Y pensé que sí mi nación son los amigos, algunos poemas, los ratos mágicos atesorados y por atesorar, el whisky –escocés, por supuesto– y las librerías –las buenas, claro–, pues un poco nacionalista sí era… Parafraseando a José Emilio Pacheco, pueden añadir algún paisaje… “y tres o cuatro ríos”…

Y como sigo creyendo que la vida es ver volver, creo que en esas vueltas va habiendo nuevas vidas, para un rato o para siempre…

Porque aunque se vuelva al punto de partida, ya nada es igual, nada será igual… Nada puede ser igual…

@ignacio_martins

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