Sábado, 27 de mayo de 2017

La Contraseña

No entiendo como hay gente todavía dispuesta a condenar a sus hijos a la ignorancia más supina perjudicándonos a todos y sin beneficiar a nadie… bueno, quizás si beneficie a los antropólogos que por fin podrán descansar de su búsqueda; el eslabón perdido entre el hombre de Neandertal y el “homo Sapiens” somos nosotros.

¡Coño Padre! ¡Te sabes la contraseña…Cuenta uno de mis amigos que exclamó su hijo adolescente cuando,  en un viaje por carretera,  pararon en un convento de clausura para comprar unos dulces de las monjitas y cruzó con la hermana tornera el consabido: Ave María Purísima/ Sin pecado concebida.

Este amigo del que les hablo, casi más agnóstico que yo, y nada sospechoso de profesar ninguna fe religiosa, estaba absolutamente abatido por el nivel de ignorancia de su hijo en cuestiones de religión, por el reducido vocabulario del que hacía gala y sobre todo, por la parte de culpa que a el le tocaba al haber elegido una “educación laica” para su tierna y diabólica criatura.

¡Coño Padre! ¡Te sabes la contraseña! De la frasecita, que parecería un chascarrillo más o menos ocurrente  si no fuera tan preocupante, cabe deducir algunas conclusiones.

La más deprimente de todas es la constatación del alarmante grado de analfabetismo funcional que estamos inculcando en nuestros jóvenes adolescentes que, por cierto, me acabo de enterar, ocupan el puesto número veintisiete o así entre los jóvenes europeos más incultos con una notable incapacidad para la comprensión lectora.

Otra reflexión al hilo de la cuestión es sobre el absurdo debate sobre la enseñanza de la asignatura de religión; que si ha de ser curricular, que si ha de ser optativa etc. etc. Por  un lado está claro que somos, constitucionalmente hablando,  un país con un Estado aconfesional (que no laico, como sostienen algunos) así que parece obvio que no se nos puede exigir la obligatoriedad de la enseñanza de la religión católica en nuestras escuelas y mucho menos subvencionarla.

Por otra parte, oponerse, como hacen los más enconados detractores de la enseñanza religiosa, al estudio de la misma bajo un punto de vista cultural y filosófico y como motor de las más bellas creaciones del ser humano en el terreno de las Artes, parece poco inteligente porque…!vamos a ver¡; una cosa es la doctrina y otra, muy diferente,  el estudio de ese fenómeno llamado religión que nos acompaña desde que nacemos y que ha generado a lo largo de los siglos acontecimientos y condicionantes tales  que, sin conocerlos, sería imposible entender, nuestra ciencia,  nuestra historia,  nuestro arte, y nuestra cultura.

¿Cómo explicarle a un devorador de hamburguesas, consumidor impenitente de video juegos y adicto a la tele-basura y al chateo (no en los bares, precisamente) y al botellón (esto tampoco en los bares, no faltaba más) aquejado de raquitismo lingüístico (300 palabras representan su techo) la existencia de una Catedral? Por supuesto,  nada de si es gótica o románica o porqué y para qué se construyó…eso…eso ya es “pa nota”.

O peor aún. ¿ qué pasaría si en un arrebato incontrolable de locura le diera por leer a Dante o a San Juan de la Cruz sin saber previamente lo que es el Cielo, el Infierno, el Purgatorio, la Biblia, etc. etc.

Pues eso, País…

 

Fotos:

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