Lunes, 20 de noviembre de 2017

Del calambur… al albur…

En México, el albur es un juego lingüístico que implica una “pelea” entre hombres, en forma de esgrima verbal pero que no deja de representar el dominio de un hombre sobre otro… No es doble sentido, aunque lo usa; tampoco es, o no solo, juego de palabras.

Doble sentido son los equívocos que se producen con el verbo coger, por ejemplo; pero el albur que tiene uno de sus orígenes en el calambur (“oro parece, plata no es”), es decir, palabras que, al juntarse, adquieren nuevos significados, implica contestar: “En ca´José tienen…” a una frase que contenga anillo, hoyo o…

No puedo, ni debo, ponerme a explicarlo, porque esto lo pueden leer niños.

Bueno, lo intentaré. El albur mexicano es eso, una “pelea” verbal entre hombres, donde uno domina al otro… sí, en ese sentido que están pensando.

Como ven, hoy toca clase de lengua lenguaraz, gramática parda para los iniciados. O no, mejor les comparto un recuerdo de la egoteca: https://www.youtube.com/watch?v=ffJw7Ex6QeA . Ahí tienen, mis quince minutos de fama en cadena nacional…

Quererles explicar qué es albur es, más que pretencioso, imposible, pero creo que con este texto y el programa –anímense, está entretenido– pueden hacerse una idea.

Dándole vueltas a estas cosas del idioma, me di cuenta de que en México conviven el albur y el eufemismo flagrante, ese que huye de las “malas palabras”, como de la peste… Y que considera malas palabras todas las escatológicas, hasta las que solo lo parecen: vamos, que ni orinar… Es más, en México, hasta madre llega a ser mala palabra; me explico: una madre, en México, es tanto la progenitora como una monja, pero también cualquier cosa ínfima, de poco valor y casi inservible. O sea, que si yo hablando con un mexicano, hablo de mi madre –y no de mi mamá–,  mi paisano de acá muy probablemente pensará que no me llevo bien con ella.

Por cierto, por si no se habían dado cuenta, he usado el concepto “malas palabras”; ya saben que en México, los tacos nada más se comen.

Volviendo a ejemplos de eufemismos, en mi segunda patria, mucha gente procura no usar el verbo parir, incluso, en vez de dar a luz, es común escuchar, en ese sentido, el verbo aliviar. Y ahora que lo pienso, y por ponerme polémico, no recuerdo algún debate feminista criticando ese uso que implica considerar al embarazo como una enfermedad. Porque uno se alivia de las enfermedades, ¿no?

Como ven, estas, como otras, son muestras de que hablar un mismo idioma en lugares distintos suele tener momentos divertidos. Y siempre enriquecedores;  insisto, aunque a veces parezca que no, son más los puntos de conexión que los de diferencia. Es una de las razones por las que, sin problema ninguno, soy charro de dos orillas…

@ignacio_martins

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