Miércoles, 20 de septiembre de 2017

A pisar charcos

La semana pasada, la de la abdicación, fue toda una fotografía de la época en la que nos toca vivir y, a veces, no nos damos cuenta… O la vemos con unas gafas que no siempre llevan la graduación correcta.

Por ejemplo, en el estallido republicano, el lenguaje, en general, tiene más que ver con la época que nos cuenta Mad Men que con nativos e inmigrantes digitales. ¿Por qué?, Grosso modo y a bote pronto, los eslóganes han sido, en general, los de los sesenta y los setenta, las manifestaciones querían tener el tono de entonces aunque, en general, resulta que ahora se podía… Sí, se convocaron por las redes sociales… Pero a la hora de los telediarios de la tele tradicional, que son los que tienen rating.

Es interesante que los planteamientos menos chillantes vienen del centro, incluso, me atrevo a decir que del centro-derecha; los de ese lado no muestran miedo a un cambio de régimen, siempre que se respeten las reglas. Ah, pero la respuesta del otro lado es change.org y un planteamiento que resumo en: “las opciones son dos: la mía”. O sea, en serio, veo más dispuestos a aceptar la república a los monárquicos que viceversa –y no es velada alusión a un programa del que he oído hablar pero que todavía no he visto–. Nada refleja esto como un chiste que leí en Twitter: “España, mañana, será republicana… Siempre igual, dejándolo todo para mañana”… Eslogan de antes, ahora.

También es curioso que se dé un fenómeno similar –aunque en sentido contrario– entre España y México; aquí, muchos jóvenes cuestionan al PRI y a Peña Nieto, sin aceptar que el PRI dejó el poder y lo ha vuelto a ganar. O sea, el PRI es malo, porque siempre lo ha sido y si la democracia trajo de nuevo al PRI, es que hay trampa. En España, sin embargo, muchos cuestionan la Constitución porque no la votaron –tampoco la voté yo, ni el futuro rey, teníamos 10 añitos–; ¿cambio de régimen generacional? Contestaría, así, en plan moderno: #NoJodan.

Me vuelvo a poner serio; creo que algo parecido pasa con el asunto conspirativo: los grandes capitales, la casta política, el bipartidismo, el gobierno en la sombra de los grandes capitales del Ibex… Coño, por mucha democracia que haya, el dinero es poder; o sea, también en Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos, las empresotas han de mandar, y mucho; y si no mandan, influyen… Creo yo que Ikea, en Suecia, también algo pinta, seguro que más que el señor Oleg, el de la tiendita… Como me imagino que los hoteleros españoles tendrían algún derecho de picaporte en Cuba, por lo menos antes de que Aznar llegara como chivo en cristalería –mexicanismo de hoy–. Y no he hablado de empresas senyeras, que me da que también hay algunas que influyen Mas que otras.

La diferencia es que, con leyes claras, si quien(es) tiene(n) intención de influir se pasa(n) de la raya, hay maneras de contrarrestar; sin embargo, si las leyes tienen huecos, premeditados o no… Sé que son buenos entendedores…

Por cierto, respecto a lo mediático, me parece que la capacidad de influencia de las grandes empresas se hace más evidente en ciertas presencias “novedosas”. O sea, por mucho que quieran influir, un gran partido es otra estructura, también superestructura; se les contrapone o, al menos, se les puede contraponer. Sin embargo, la creación de personajes que pican piedra con mensajes como “la casta”, pues no sé, es un camino en el que, con medios, veo más fácil ir diciendo por dónde. Se recuerda más fácil una palabra que una idea.

Alguna vez escribí que los programas de tertulia casposa iban imponiendo la creencia de que todos podíamos juzgar todo. Ojo, dije juzgar, no opinar de. Sigo pensando que, en una época de crisis, evidente, esa crispación que se fue gestando, explota. O explotó más. Y en ese río revuelto, unos pescadores tienen menos escrúpulos que otros… Y ganan más.

Qué quieren, seré un antiguo; pero, bueno, algo parecido pasó con la movida y el destape; puestos en ese plan conspirativo, probablemente hubo alguien –o “álguienes”– que pensaron que con eso habría una sensación más o menos rápida de apertura… Mientras según qué temas iban más lento o, de plano, no iban.

Y qué quieren, si acierto en ese razonamiento, creo que fue mejor, para todos; La Bola de Cristal, por ejemplo –de entonces–, es más recomendable que cualquier tertulia, de Intereconomía o de La Sexta –de ahora–.

Pero ojo, muy probablemente, no habría habido bola de cristal si antes no hubiera habido “Un globo, dos globos, tres globos”, María Luisa Seco y hasta, si me apuran, Torrebruno.

Lo dicho, un antiguo.

@ignacio_martins

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