Viernes, 15 de diciembre de 2017

Tus lágrimas

Tu llanto es el agua bendita y maldita con que nos persignamos, las últimas gotas del baño en la playa, el colirio más dulce, el chirimiri del otoño, el toque justo de vinagre en la ensalada, el pus que cicatriza, el hilo enhebrado de la felicidad.

Tu llanto son las últimas gotas del reloj de agua, la saliva a granel del beso diario, el saludo del recién nacido, el adiós del moribundo, la ginebra de las noches alegres, el vaho de las ventanas y los televisores, la cera de las velas de nochevieja, el sudor contenido del subcampeón, el rastro de los caracoles, la perla jamás descubierta, la gotera en el desván, la tortura más cruel, la canción de las ballenas, la canica ganadora, el chupito de ternura, el premio al mejor chiste, el fósil del recuerdo.

Tu llanto es frío como el de las sirenas, o los sauces, o las princesas solteras, o el bolso de cocodrilo, o la toalla escurrida, o la corteza del árbol, o la esponja de mar, o el limón sin tequila, o el pañuelo de estación.

Creo en el llanto salado de los marineros, en el llanto agridulce de los chinos, el llanto de los barrenderos, del bebé que se cae de su tacataca, de los lobos enamorados, de los presos condicionales, de las víctimas de la vida y de la muerte, de los que nunca lloraron, de la conjuntivitis del cíclope.

Y creo en el llanto fosforito de los ciegos. En el llanto del padre cuando oye decir “mamá” a su hijo. El llanto que consumen (vía intravenosa) los enfermos del hospital. El llanto aguardentoso del viejito del pueblo. El llanto hecho pedazos de la cebolla y el olvido. El llanto cronometrado del corredor de bolsa que llegó tarde. El llanto sordo.

El que resbala por la mejilla. El que cae como una desilusión. El que dispara Mazinger Zeta. El llanto que deshace la luna de un coche. El llanto derretido. El llanto de hielo. El llanto que derrochamos en el frufrú del suspiro. El llanto del aspersor. El llanto del estornudo. El llanto a pilas de las muñecas. El llanto eléctrico del timbre. El del suicida. El del que escribe la primera y la última carta de amor. El llanto gaseoso de los fantasmas. El llanto mutilado del terrorista.

Hoy me urge llorar, como decía Atxaga, bien al estilo snif, bien al estilo buá. Llorar, como Girondo, “a lágrima viva, llorar a chorros, llorar la digestión, llorar el sueño, llorar de frac, de flato, de flacura, llorar improvisando, de memoria, llorar todo el insomnio y todo el día”.