Lunes, 16 de julio de 2018

Wikipedia frente a 'fake news'. Y III.- Un problema pendiente

 

 

“Puede estar usted seguro y pueden estar seguras todas las personas que nos ven de que le estoy diciendo la verdad”

(José Mª Aznar, presidente del Gobierno, acerca de la existencia de armas de destrucción masiva en poder de Sadam Hussein)

 

La historia de la información falsa daría para una enciclopedia en permanente ampliación, como pedía H. G. Wells. Por ello citaremos sólo algunos hitos, ya del siglo XX, saltando el uso de la propaganda durante las dos guerras mundiales y en los regímenes totalitarios, cosa que tiene mucho que ver con la información manipulada y con la mentira propiamente dicha, como mostró George Orwell en algunas de sus obras.

Ya en la Guerra Fría, es Estados Unidos quien sigue llevando el liderazgo en este aspecto. Pero si en el siglo XIX son los periódicos los principales agentes de la manipulación informativa, ahora los gobiernos toman la delantera. (No en balde habían aparecido en las guerras mundiales los primeros departamentos gubernativos de propaganda y contrapropaganda como un aspecto más de la acción bélica). Algunos casos notorios de esa época: el encubrimiento del avión espía U-2 por parte del presidente Eisenhower (1960); el presentar la invasión de Bahía de Cochinos como iniciativa de cubanos anticastristas, como hizo J. F. Kennedy en 1961;  la falsificación del incidente de Tonkín por Lindon Johnson en 1964, para justificar la escalada en la guerra de Vietnam; los intentos de encubrimiento del Watergate por parte de Nixon en 1974; las supuestas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein que causaron la agresión a Irak en la Segunda Guerra del Golfo.

José Mª Aznar hizo al menos 27 declaraciones sobre la veracidad de la presencia de esas armas, añadiendo que ello “constituía un peligro para la comunidad internacional y para España”, según señaló Pedro J. Ramírez en uno de sus editoriales.  Sin embargo, ni la CIA, ni los servicios secretos ingleses, ni el CNI español avalaron esa “información”. (Como tampoco se avaló la versión del Gobierno sobre la autoría de los atentados del 11-M en Barajas, caso señero donde los haya de impostura gubernamental, que hubiera debido conducir a sus perpetradores a las cloacas públicas y a la vergüenza. Aunque el 2010 la revista Foreign Policy le calificó como uno de los cinco peores expresidentes del mundo, ahí tienen al supradicho dando aun lecciones desde su parálisis labial y moral).

Desde finales del siglo xx, internet ha multiplicado exponencialmente la virtualidad de las noticias falsas, pero también la de la información en general. Hablamos de virtualidad en su doble y paradójico sentido: por un lado, su capacidad de influir en las opiniones públicas, hasta el punto de condicionar los resultados electorales; y, por otro, su frágil compromiso con la realidad, hasta el punto de que “virtual” puede ser sinónimo de algo aparente y engañoso.  

Tan grave es este problema que ahora mismo hay varios países preparando leyes penales contra la información falsa; es el caso de Francia, México y Filipinas. Además existen plataformas de profesionales de la información, como FAIR o Media Lens, que vigilan y denuncian conductas impropias en los grandes grupos mediáticos, algo que hacen también algunos periódicos, sobre todo de ámbito anglosajón, que tienen comités internos de vigilancia de sus propios profesionales, a los que vienen de despidiendo fulminantemente si encuentran mercancía averiada en sus reportajes gráficos o escritos. (En este aspecto, la prensa española tendría mucho que aprender).

Pero, volviendo al principio, creemos que el arma principal contra la información falsa, como contra la propaganda malintencionada, el periodismo amarillo, la televisión basura y similares es promocionar la educación y el sentido crítico la sociedad. Más Wikipedia y menos programas del corazón.