Lunes, 16 de julio de 2018

Imagen, poética, memoria

 

El poeta clásico veía en el paisaje una alegoría de un sistema divino; el romántico encontraba en las cosas una imagen invertida del yo; el poeta fotógrafo simplemente ve. No busca hallazgos literarios, busca el efecto de una lengua poética a priori como acotación de un campo de lirismo concentrado; Su ejercicio levanta un acta de lo que su mirada registra. El poema no le sucede al poeta, le sucede al paisaje

 

Hay instantes difíciles de adjetivar. Se resisten al sentido, a la lógica discursiva que los quisiera sujetar a concepto, al Tiempo mismo del que son substancia. Parecen suspender el flujo mismo del Universo, poner a la Vida en un paréntesis o deslumbrar con su fulgor al corazón humano.

Aquel que contempla su entorno para evocar, para discurrir sobre sí mismo, para pensarse en su ahora, transforma esa experiencia en el acto de (re)crear ese instante, lo poético. Surge entonces la imagen,  y de ella, las diferentes maneras de dialogar con esta nueva imagen, imagen construida para quedarse también en el tiempo y fuera de él, para ser instante, registro de un presente concreto y, a la vez, promesa de atemporalidad.

 

Lo cotidiano, la memoria, la evocación, el acto de poetizar, son todas experiencias temporales de los instantes: elementos que se encuentran distantes en el espacio y tiempo del mundo concreto, para coexistir, para acontecer, en el mundo poético, el espacio y tiempo propio de la imagen poética, el instante.

La fotografía, juega con el problema del registro, indicando que una fotografía muestra el esqueleto de los días: radiografía del tiempo y las miradas.  El registro para la poesía es imposible, se vuelve radiografía de lo inmóvil, del vacío, de la vida que se escapa:

Más allá de los discos duros,

Más allá de las carpetas

Buscamos el archivo último, la última emoción

Y todo está quieto
es nuestra foto de los días ?

El sujeto poético no es el fotógrafo  que simplemente ve,  es una unión entre objeto y lenguaje, y en ella se constituye la  mirada.

En las imágenes, hay memoria. La voz-mirada, la voz que observa el escenario, todo lo presenta al espectador, esta suerte de narrador-paseante, que se detiene, en un momento para dar crónica del instante.

 

La poesía se define, entonces, no tanto  por la elección de determinados objetos como  por la complejidad de la mirada poética que se « posa » sobre ellos. Y esto mismo podemos decirlo en relación con los paisajes de esta predilección. Se trata de espacios habitables, donde el poeta-paseante está como en retirada, y este movimiento define la imposibilidad de una apropiación, cuando se convierte en un objeto público para ser observado.