Miércoles, 18 de julio de 2018

Ladrones ilustres

Las cárceles españolas se llenan de ladrones ilustres. Bueno… bueno… esto de ilustres es para no quitarles la ilusión de que se sigan sintiendo lo que tan inmerecidamente fueron: presidentes de diputaciones, de comunidades autónomas, ministros, directores generales, alcaldes de poblaciones importantes, concejales, altos cargos de cualquier ministerio, de organizaciones sindicales, de partidos políticos y hasta de duques consortes.

Esto no significa que por fin todos seamos iguales ante la ley. No somos tan ingenuos como para creernos que ladrones tan ilustres como el señor Urdangarín permanecerán en prisión hasta el último día de la condena, recibirán el mismo trato que el resto de los presos y devolverán hasta el último céntimo de lo robado, además de encontrarse con los mismos problemas al salir de prisión.

Para que pudiéramos felicitar de verdad a los jueces por estas sentencias habría que empezar por cambiar las leyes. No es igual de grave que un ciudadano, generalmente con serios problemas de integración, robe a otro ciudadano, como que estos señores, si es que señores se les puede llamar, generalmente procedentes de familias bien acomodadas, con sueldos muy importantes, con privilegios de todo tipo, utilicen sus cargos y la facilidad para hacerlo que conllevan para robarnos a todos. Robarle a un pueblo es llevarlo a la ruina, y estos señores deben empezar a aprender que los elegimos para que administren nuestro dinero, no para amasar fortunas que ni siquiera vivirán los años necesarios para disfrutarlas. Y la primera lección para conseguirlo es que, aunque sólo sea para callar voces que claman justicia, tengan que ingresar en prisión. Ni jueces, ni gobernantes ni ciudadanos, podemos seguir aceptando como hechos normales robos cometidos por los que, como dirían en cualquiera de nuestros pueblos, deberían besar el suelo que pisamos.