Jueves, 19 de julio de 2018
Las Arribes al día

San Pedro abre paso a la luz de Teresa

El grupo de Teatro ‘Lazarillo de Tormes’ representó ayer viernes su montaje ‘Teresa, la jardinera de la luz’ en el marco del conjunto de actuaciones que la Diputación de Salamanca está patrocinando para conmemorar el Año Jubilar Teresiano

Representación 204 de "Teresa, la jardinera de la luz", en esta ocasión en la iglesia de san Pedro en Villar de Peralonso

Hace apenas una semana que los vecinos de Villar de Peralonso han dado por terminadas sus fiestas patronales en honor a san Pedro, cuando éste parece abrir de nuevo las puertas de su casa que es la de todo el pueblo, para recibir en ella a una ‘jardinera’ muy especial. Se trata de Teresa de Jesús que sigue incansable de la mano de ‘Lazarillo de Tormes’, que nos la revela a la luz de la mujer singular y valiente que fue y que desde hace cinco siglos ha sido considerada como un ser especial dentro de la intelectualidad y espiritualidad de nuestro país, incluso más allá de nuestras fronteras. Las que ha ido saltando gracias al montaje teatral Teresa, la jardinera de la luz, no son tampoco nada desdeñables, pues ha recorrido toda nuestra provincia, sin dejar de atender a la solicitud que de ella han hecho otras comunidades autónomas. Como nuestro territorio salmantino consta de gran cantidad de pueblos, nuestra Diputación ha querido colaborar en este sin duda magnífico proyecto a la vista de los resultados obtenidos y está haciendo posible que sea conocido por muchos más espectadores que todavía no han tenido la oportunidad de verlo.

Situado a modo de bisagra entre las comarcas de Vitigudino y Ledesma, Villar de Peralonso encierra en su municipio muchas huellas de pretéritos tiempos, como deja constancia su dolmen con cámara funeraria que habla de muchos siglos antes de que fuera repoblado por reyes leoneses como sucedió en la mayoría de nuestra provincia. Su topónimo bable así nos lo cuenta en la palabra villar o pueblo y en el nombre del posible responsable de su fundación, Peralonso. Gran conservador de sus fiestas y tradiciones como la de la alfarería, sufre como muchos otros pueblos la pérdida de habitantes que se ve reflejada en el cierre de su escuela. Cuando estos vecinos se encontraron en una de las más simpáticas escenas de Teresa, la jardinera de la luz ,una especie de guiño a lo entrañable que encierran los momentos escolares, ya hacía tiempo que el conjunto de la puesta en escena los había abstraído por completo y habían abandonado su parroquia de La Asunción para situarse con el conjunto de personajes de la obra de teatro, en la iglesia del convento de Alba de Tormes, donde la gran maestra que también fuera Teresa de Jesús pasa los últimos momentos de su vida mortal. La atmósfera que este grupo teatral crea hace que se produzca una retrospección en el tiempo hasta situarnos en el del XVI.

Realmente el patrón que tanto venera Villar de Peralonso, san Pedro, hace ejercicio de la labor que siempre se le ha sobreentendido y abre esta casa comunitaria que es la iglesia de un pueblo para convertirla nuevamente en el teatro adecuado para que esta original y conseguida historia sea contada con la naturalidad y emoción que requiere. Un rico altar, sobre todo en vivencias y creación humanas acoge a unas mujeres vestidas de hábito que a pesar de ello son capaces de transmitir con sus diálogos, declamaciones y anécdotas de vida, la libertad que llena las suyas porque así se lo ha enseñado una mujer que fue capaz de vivir con ellas la cotidianeidad libremente elegida, a la vez que se enfrentaba y codeaba con los más altos y selectos estamentos de su sociedad, dominada por hombres sobre todo, incluido el rey, gran amigo suyo. Teresa no dejó indiferente a nadie, por eso la Inquisición quiso llevar a la hoguera una vida demasiado rebelde para ser mujer, demasiado inteligente para ser monja, y ante todo demasiado sincera para el orden establecido. Con la suavidad de las notas renacentistas que pone la música de un maestro Salinas, testigo del juicio a la carmelita, un padre dominico pierde los papeles en los que tantas acusaciones lleva anotadas, para recuperar el de hombre de fe en lo oído y visto y caer ante la obviedad de la verdad.

La sutilidad con que “Teresa, la jardinera de la luz”, pone ante nosotros cualquier tipo de emoción o sentimiento, como la ingenuidad, la ternura, la ironía, la valentía o incluso el miedo, hace posible que el espectador no pierda detalle de un guión breve pero intenso que nos devuelve a una Teresa remozada en su humanidad. Huelga señalar que la calidad interpretativa de ‘Lazarillo de Tormes’ y la intensidad con la que sus componentes viven lo representado en escena, vuelve a arrancar aplausos de unos espectadores que lloran a la vez que sonríen ante la humildad de lo pequeño y lo grande del ser humano. Y Villar de Peralonso guarda en sí ambas cualidades.

Ver más imágenes: