Miércoles, 18 de julio de 2018

Fray Juan y El Brujo

 

Como todos los años agradezco a la Universidad las viejas “Noches de Fonseca”, aunque este año no sean allí. Es un lujo que por la Universidad nos llega y es de agradecer.

Anoche, martes, fui a ver el Fray Juan de El Brujo, “Luz oscura”. Y una vez más es de admirar la capacidad teatral de Rafael Álvarez para llenar un escenario rigurosamente sobrio y prácticamente vacío con su sola presencia y el extraordinario dominio que tiene del movimiento, del gesto y de la voz. Por sí solo es ya una alta experiencia estética y dramática. Sobresaliente.

Pero en realidad no es por esto por lo que escribo estas líneas, aunque el reconocimiento al actor ya  las justificaría. Escribo en defensa de un buen amigo mío que, pienso yo, fue mal tratado, o quizás hasta maltratado, en el texto y en la puesta en escena de anoche: Juan, Juan de la Cruz, Fray Juan de la Cruz, San Juan de la Cruz, alto poeta, místico excelso, buena persona, creyente fiel, hombre cabal, sufrido fraile y audaz reformador.

El mayor reparo lo pondría yo, como un espectador de tantos, en el texto y en la elección que hace el autor sobre qué aspectos de Juan de la Cruz mostrar y cuáles dejar por exigencias de tiempo y guión y hasta qué tono dramático usar para mostrar lo que se quiera mostrar sobre la vida y obra de una persona. Y me parece que el texto da excesiva importancia a lo que no tuvo tanta en la vida y obra de Fray Juan, desde el pozo de su infancia hasta la huida de la celda que le servía de prisión ya siendo adulto y reformador perseguido, etc…

Toda la riqueza de su persona como persona y poeta se pierde, a mi parecer, a pesar de lo brillante que resulta la puesta en escena en su cortísimo alcance argumental. El creador tiene toda la libertad para elegir los límites y enfoques del tema que elige, por supuesto y sin esta libertad no hay arte, pero el espectador tiene también la libertad de juzgar esos límites que el autor se ha fijado.

 

Y en este caso me siento movido a escribir en defensa de un Fray Juan inteligente y crítico, sabio y audaz, humilde e inflexible, fiel a lo prometido y arriesgado en su apuesta, realista y documentado, fino prosista y poeta de la máxima altura. Y casi todo esto queda oculto, casi ni aludido en el guión de Rafael Álfarez, El Brujo, y en el modo teatral de realizarlo, tirando de la ironía graciosa, del rebajamiento hasta el ridículo y de la limitación de lo que se narra a aspectos irrelevantes o al menos secundarios en el perfil y en la vida total del personaje..

 

Fray Juan es aquí un inocente fraile, más bien bobo y cortito, que de vez en cuando se muestra ensimismado y que medio sin venir a cuento suelta, sólo en cuatro ocasiones, estrofas de alguno de sus poemas, que al momento quedan barridos de la mente del espectador por el siguiente golpe cómico del actor. De hecho el espectador se siente más tentado, con mucha diferencia, y esa desproporción es el problema de la función, a reír que a pensar o degustar. Sinceramente, y espero no ser injusto al decir esto, pienso que cualquier espectador salió del teatro sin saber de San Juan de la Cruz más que lo que ya sabía cuando entró. Y esto es grave para un título tan sugerente y tan ambicioso como “Luz oscura”, que así se intitulaba la función.

 

Es de agradecer a la Universidad y a El Brujo esta presentación de uno de nuestros personajes más ricos en humanidad, en virtud cristiana y en calidad estética como San Juan de la Cruz. Aunque sea con estas rebajas, no pequeñas por cierto.

 

Por eso y porque le tengo tanta devoción cristiana como aprecio literario, me interesaba subrayar la riqueza humana, literaria y cristiana de Fray Juan. Y algo de esta grandeza es lo que ante todo eché en falta en el escenario del Juan del Enzina. Quizás pueda ser para otra ocasión si llega.