Miércoles, 18 de julio de 2018

Una vida matrícula de honor

Ayer compartimos amistad, amor, tristeza, esperanza … En Monforte  despedíamos la parte física de Álex a sus dieciocho años recién cumplidos.

Lo importante lo dijo todo su hermana Andrea  heroicamente, en la Iglesia al final de la ceremonia mientras su hermano la inspiraba.

Cuánto amor y bondad en sus padres Óscar y Rosa. Una familia ejemplar y admirable. Como amigos los queremos y admiramos. Estos sí son Escolapios de verdad, el cariño de sus alumnos, de los amigos de Álex y Andrea, de toda la comunidad educativa y de todo el pueblo.

Todo el que lo conocía decía que era un niño único. Responsable, buen estudiante, humilde, cariñoso, excelente deportista y mejor persona. Deja un legado inmortal e imborrable a sus dieciocho años, un orgullo infinito en su familia y un compromiso para los tres de vivir  esos valores y sentimientos que seguirán viviendo con él. Los que lo conocimos menos, también nos sorprendimos y lo seguiremos conociendo con sus padres y hermana.

Este niño sí nos acerca a Dios, esto sí es pastoral de verdad, certifica que hay Cielo por él y nos devuelve la Fe en Dios y en el género humano. He vivido la muerte de mi padre, he contemplado impotente desgracias familiares e injusticias en varios países, he estado muy cerca de la muerte y nunca había sentido un dolor y una tristeza  tan profunda. Soy padre y vivir esto con ellos y con mi propia familia y amigos ha sido desgarrador.

Andrea vendrá a estudiar a Salamanca el próximo curso para ser la mejor maestra de niños, que ya es antes de la Universidad. Sus padres rogaría que vinieran a enriquecernos a la presencia Escolapia de Salamanca, en la que están llamados a hacer grandes cosas como profesores y educadores  excepcionales de corazón y carisma con competencia demostrada.

Del día de ayer tengo muchos momentos eternos. El buen viaje deseado por su madre es infinito, los dieciocho países que había contado y recorrido con sus padres y amigos, de las muchas medallas la que faltaba por recoger, el discurso a su equipo empezando por el agradecimiento a sus padres. Gracias por ser un ejemplo para tantos adolescentes perdidos para los que ya eres leyenda.

La matrícula de honor que le daba Calasanz en la homilía, el “vivirá, vivirá, vivirá” que gritaba el Evangelio en la voz del sacerdote serán palabras de vida eterna.

No habrá consuelo para sus padres y hermana, tienen una vida de recuerdos en una lámpara mágica de la que ha volado un genio santo. En este paseo insignificante que hago en este papel no pesa ninguna gran palabra, ni ningún gran sentimiento.

Mis más queridos amigos, mi más sentida enhorabuena por vuestros hijos, como dice Andrea, ya tenéis la estrella más brillante para iluminar vuestra vida.