Miércoles, 18 de julio de 2018

Los votos los dan las obras, al parecer, aunque se olviden de los detalles.

Para las anteriores elecciones municipales se arreglaron las aceras del Paseo de San Antonio entre otras. La línea blanca discontínua indica que no se ensancharon, y ahora hay tres carriles para coches innecesarios la mayor parte del día.

Un año más asistimos al clásico carrusel de obras relacionadas con la proximidad de las elecciones municipales. Aún me llama la atención que sea la principal táctica electoral para ganar elecciones, pero todavía más que pueda dar resultado.

Que tras llegar al poder municipal en 1995 el Partido Popular revalidara mayorías absolutas presentando una ciudad levantada por obras como reclamo electoral, es cierto que algunas veces tampoco ha sido para tanto, cuestiona la inteligencia colectiva. En esas elecciones que perdió el PSOE también estaba la ciudad en obras (¿recuerdan las peatonalizaciones de las Calles Zamora y Toro, hoy incontestadas?, pues estoy seguro que les costó algún concejal), además de presentar toda una serie de documentos de planificación del futuro que no pareció importar a nadie. Sobre todo porque la situación de Salamanca casi 25 años después no parece halagüeña, no ya porque pierda población sino que también le ocurre a la provincia con lo que no sirve la coartada del Alfoz.

Pero demasiadas veces las obras son pura cosmética que rayan en el despilfarro. Como renovar aceras, que ha obviado que el principal problema para los peatones no estaba en su envejecimiento sino en su estrechez frente a calzadas para coches desmedidas y poco utilizadas la mayor parte del día. Y no olvidemos que uno de los principales estandartes de las mejoras viarias ha sido precisamente apostar por la accesibilidad, traducido en algunos casos en eliminar pasos de peatones.

Estos días me ha fijado en los “efectos colaterales” de una obra preelectoral. En estos meses han estado “actualizando” parte de los Jardines de Torres Villarroel, más en concreto la parte encajonada al norte del Convento de las Salesas, y lindando con la Calle de las Salesas. En principio el aspecto ha mejorado, aunque sigo pensando que el problema estaba más en su discutible mantenimiento que en una necesidad real de cambio profundo.

Cerca de la comunicación de esta parte de los jardines con el resto que discurre por el Paseo de Torres Villarroel, al norte del convento, hace ya tiempo que comenté que existía un “atajo”, que alguien decidió señalar con unos troncos, sin prescindir del escalón existente por el bordillo que delimita la zona ajardinada. No sé si como efecto colateral de la obra señalada con anterioridad, alguien ha decidido pavimentar ese “atajo”, pero “eliminando de aquella manera” el escalón (dos en realidad), lo que hace que tengamos que cuestionar lo de la accesibilidad como política central de movilidad. Por si acaso conviene recordarlo, los manuales de accesibilidad insisten en dejarlo a cota cero ¿De verdad tanto cuesta rebajar correctamente ese punto de los jardines a la altura del pavimento de las zona de paso y hacerlo así accesible?. No sé qué hacen pero siempre les acaban perdiendo los detalles.