Miércoles, 18 de julio de 2018

Unionistas: el épico ascenso del campeón

 

20.54 Penalty a favor

20.55 Rezad

20.56 Gooooool

 

Ejercer de corresponsal en Las Pistas nunca fue tan dichoso como el pasado 23 de junio: 23 había de ser, el 23 que llevaba a la espalda en mi camiseta, el 23 de la que nació en 1923 y nos dejó hace cinco años, la gloriosa, respetable e inimitable Unión Deportiva Salamanca. Salí de los primeros del campo y recorrí Torres Villarroel con la bufanda de Unionistas ondeando en la ventanilla del coche y los claxonazos como primer pregón del ascenso, el épico ascenso del campeón.

 

El histórico gol de Razvan lo empezamos a meter en Játiva, porque es de los días amargos de los que se aprende, y es en las derrotas donde se ponen los cimientos de la victoria que habrá de llegar. Esto es Unionistas CF, cada una de las treinta y ocho definiciones del club que caben en el reducido espacio de 6 x 3,3 cm del carnet de socio de la temporada recién concluida: una por cada partido de la liga de Tercera División que el equipo entrenado por Astu ha ganado con brillantez. El carnet sólo viene conmigo los días de partido en casa, pero en la cartera siempre me encontraba con el calendario, como un perenne recordatorio de lo jugado y de lo pendiente. Cabe en este relato volver a un área de servicio de La Bañeza donde me vi sorprendido por mi hermano Carlos, que llegaba de su guardia en La Cabrera con el himno de la Unión a todo trapo. Yo salía de la mía en Aliste y el plan era juntarnos allí para luego disfrutar del estreno liguero de Unionistas en Astorga. Era el sábado 26 de agosto y publicaba mi deseo del ascenso aquí mismo. Disfrutamos, pero del puente del Paso Honroso, de la catedral astorgana y del cocido maragato, que en La Eragudina nos metieron 3-0 a modo de aperitivo. ¡Qué difícil fue el arranque! El punto agónico de Tordesillas, la debacle en Virgen del Camino… pero nos revelamos como el equipo de las segundas partes especializado en remontadas y volvimos por donde solíamos. Jugamos bien al fútbol, resolvimos cuando el juego no fue tan vistoso, supimos sufrir cuando se encadenó algún resultado adverso. Sin estridencias. Sin salidas de tono. Sin volantazos. Apostando por el trabajo y la constancia. Así llegamos a Don Benito, pero no era nuestro día. El “ad aspera” marca tanto que se empeñó en visitar Tarazona y Socuéllamos antes de alumbrar un “ad astra” agónico y hitchcockiano como ha captado magistralmente Rubén Arévalo en la imagen que ilustra estas líneas.

 

Por el camino, muchos pequeños grandes momentos. Las visitas a la sede de la calle Badajoz, recibiendo siempre una atención amable y eficaz. La participación en la asamblea de septiembre, donde al manifestar una opinión crítica recibí explicaciones y me sentí tenido en cuenta, como debe ser. La sana convivencia entre mantas y gorras, que de ambas precisamos en nuestra particular Preferencia aunque allí no tengamos nuestra fila, ¡cómo no!, 23. Los partidos seguidos a través de Radio Salamanca, por mucho que en la taquilla de Montilla se compren papeletas para un cateterismo precoz. El contrapunto, la tristeza  que nos produjo escuchar cómo nos cantaban “La Unión somos nosotros”: sí, papá, nos los cantaron, nos cantaron que la Unión eran ellos, que ni tú ni yo somos la Unión porque afirmamos con dolor que el club que me enseñaste a amar desde niño y apoyamos juntos hasta su último momento desapareció hace cinco años. Nos excluyeron mintiendo, y su mentira nos dolió, pero supongo que están a tiempo de salir de su confusión pese a tanta línea editorial sinuosa y tan deplorable “periodismo” de bufanda.

 

Por el camino, sobre todo, y lo mejor, los nombres propios. Los de siempre, los de casa: la que se retira con los primeros fríos y vuelve por primavera, aunque esta vez padeciera las tormentas de la fase de ascenso; el que siempre está pendiente desde Asturias; el que comparte el festejo de los goles puntualmente anunciados; la que recibe mis mensajes con el resultado de cada domingo… El abrazo a Fer, que fueron dos: el del gol y el del ascenso. La fidelidad de Juanjo y su padre. Los nervios de Blanco parando el coche. Los desvelos de Carlinhos desde Italia. La emoción de David y Miguel. La alegría de Omar en una conversación de madrugada, en la noche de San Juan más feliz de todos los tiempos. Y como colofón, la foto con Álvaro y Conchi, tan entusiastas, en la misma Plaza donde lloramos aquel terrible 18 de junio. Esto es Unionistas de Salamanca. Pero unionistas son ellos, nosotros y cuantos aman a la que no vuelve porque sólo hubo una, la Unión Deportiva Salamanca. Va por ella este ascenso a la Segunda B. Va por ella, en homenaje, in memoriam, este club cuyo mayor deseo habría sido no ser fundado. ¡Enhorabuena, campeones! ¡Gracias por vuestra entrega!