Martes, 19 de junio de 2018
Alba de Tormes al día

Siete hermanas para Sieteiglesias

La obra teatral a cargo del grupo ‘Lazarillo de Tormes’, desembarcó en la comarca de Alba
El grupo Lazarillo de Tormes en Sieteiglesias

Dentro de un precioso templo románico de influencia mudéjar que nos habla de huellas musulmanas, un grupo de monjas carmelitas con austeros hábitos del siglo XVI, vuelven a llenar la escena que es en esos momentos el altar mayor de la parroquia de los santos Gervasio y Protasio, patronos de Sieteiglesias de Tormes.

Son las actrices de ‘Lazarillo de Tormes’ que ante un padre dominico, inquisitorial y bien aleccionado por las exigencias cerriles y oscuras del imperial XVI español, defienden a ultranza a una mujer que rompe con las barreras impuestas por aquella sociedad, y se convierte en adalid de los humildes, para convertir en sublime lo más elemental de su vida. Es su maestra, Teresa de Jesús. Y estamos una vez más ante “Teresa, la jardinera de la luz”, que nos la sigue descubriendo desde perspectivas desconocidas; y en cada una de sus puestas en escena, se nos sigue antojando única y singular, con su mismo guión, atrezzo, vestuario, interpretación. Teatro en estado puro es esta dramatización llevada a cabo con tal naturalidad que nadie duda de la veracidad de lo contado y visto en escena.

Una bonita portada románico-mudéjar abrió sus puertas para que estas carmelitas, hermanas de Teresa, entraran a lo que inmediatamente se transformaría en la iglesia del convento de Alba de Tormes, tan próximo geográficamente a la localidad de Sieteiglesias, y totalmente presente para el público que tiene la sensación de estar allí, siendo testigos de algo excepcional por distinto, no sólo en la narración de los hechos, y el aprovechamiento de los textos teresianos, sino por la forma en que se utiliza otro tipo de escenario como es su propia parroquia. En realidad en “Teresa, la jardinera de la luz”, cada una de las iglesias utilizada como marco de representación parece formar parte del atrezzo y vestuario utilizados.

Estas Tierras de Alba en las que se encuentra Sieteiglesias de Tormes han estado siempre bajo la influencia histórica, económica y jurídica de la Villa Ducal de Alba de Tormes, en la que muriera Teresa de Jesús, durante uno de sus innumerables viajes por esos caminos del Reino de Felipe II, uno de sus grandes amigos, para fundar nuevos conventos de su reformada Orden Descalza y supervisar los ya creados. Ni su frágil salud que la acompañara desde niña, ni las duras condiciones del camino, o las terribles críticas sufridas por llevar adelante una labor que entonces “no era propia de su condición”, consiguió arredrar a esta mujer, humana ante todo, conocedora de sus capacidades y generosa a la hora de compartir su vida y dones con los demás. Explicar su relación de amor con Dios fue un acto de coraje supremo que se refleja no sólo en su biografía, sino en sus propios escritos, en prosa y verso. Su idea de libertad personal ante un mundo regido por el poder de los hombres y el miedo a la hoguera, fue el emblema con el que aleccionó a muchas mujeres y que la convirtiera en un prototipo a lo largo de los tiempos. Con la sencillez de una obra de teatro que se sumerge en todo esto sin miedo y con un realismo desbordante, llega hasta los espectadores, la luz de una Teresa, que ahora brilla con la suya, y no con la de los altares y el lustre de los títulos que los hombres no han tenido más remedio que reconocerle.

Hace muchos siglos, después de recuperar estos territorios regados por el Tormes, de manos musulmanas, Sieteiglesias pasó a formar parte del Concejo de la Villa Ducal de Alba. Fue pasando de manos de nobles a dominios eclesiásticos y más tarde fue propiedad de gentes civiles. Los hijos de su último dueño fueron instalándose en sus propios espacios y así posiblemente nacieron las distintas iglesias que propician este curioso topónimo. Su vida agrícola y la ayuda del río en sus labores completan su nombre. La única iglesia conservada, parece con su estructura románica y su alto campanario, una metáfora que se dibuja en el paisaje de lo que acontece en el interior. Un púlpito elevado sobre un grupo de mujeres, desde el que un hombre no es capaz de sonar con la convicción que lo haría la más pequeña y valiosa de las campanas de una iglesia que guarda dentro un Ecce Homo, rico en historia y arte, cuya presencia hizo sin duda más emotivos los aplausos de un pueblo que tanta devoción le tiene, para una Teresa que todo lo hizo por Él. La decisión de la Diputación salmantina de que sus pueblos conozcan historia, literatura, arte y música de una época gracias a “Teresa, la jardinera de la luz” está haciendo del teatro que ‘Lazarillo de Tormes’ nos ofrece, un valioso signo de modernidad y progreso.