Lunes, 18 de junio de 2018

Inesperado gobierno

El nombramiento de los nuevos ministros, que han pasado a formar parte del recién nacido gobierno de Pedro Sánchez, ha sorprendido sobremanera a propios y extraños, por algunas designaciones que, para nada se esperaban ni aparecían en quiniela alguna.

Y es que, los días previos a su designación, casi todos los medios coincidían en intentar situar como ministros a casi toda la ‘camarilla’ de confianza de Pedro Sánchez, esto es, aquellos que estuvieron a su lado en los peores momentos. Pero, sin embargo, el gabinete ‘sanchista’, aunque integra en su seno algunos de ellos, se ha nutrido de varios fichajes cuanto menos sorprendentes.

Uno de los que más ha llamado la atención ha sido el nombramiento del astronauta Pedro Duque como Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, nombramiento que, aunque inesperado, ha sorprendido gratamente a buena parte del país, dado su prestigio profesional en su campo, siendo, además de astronauta, ingeniero aeronáutico.

No obstante, quizá haya sido menos inesperado y, sin duda, tomado con menos positivismo, el nombramiento de Maxim Huerta como ministro de Cultura y Deportes. Conocido por haber sido colaborador en el programa de Ana Rosa Quintana, su labor profesional como periodista y escritor podría habilitarle para llevar la cartera de cultura, pero ha de tenerse en cuenta que a ésta va aparejada también Deportes, y ahí sí que la cosa se pone complicada.

Y es que, el nuevo ministro de Cultura y Deportes, que no se ha mordido la lengua en redes sociales en los últimos años, llegó a afirmar que odiaba los deportes (quien sabe si lo dijo en un momento de calentón por alguna cuestión, o si se refería a practicarlos), lo cual va a derivar en una situación bastante paradójica, dado que ahora ha pasado a ser el ministro encargado del deporte español. El tiempo dirá si todo ello queda en una mera anécdota y enmienda los malos augurios que se la achacan por dichas declaraciones, o si, por el contrario, acaba reafirmando a quienes le han lanzado críticas por dicho motivo desde que se conoció su designación.

Por otro lado, el resto de nombramientos ministeriales ha conllevado que, muchos de los que apoyaron a Pedro Sánchez en la moción de censura desde las filas de otras formaciones políticas, estén ahora con el gesto un tanto contrariado.

En este sentido, a Unidos Podemos le ha molestado especialmente el nombramiento de la ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño, dado que desde 2014 y hasta su nombramiento era la Directora General de Presupuestos de la Comisión Europea, siendo una de las valedoras del techo de gasto (y también, dicho sea de paso, de recortar los fondos a las subvenciones de la Política Agrícola Común –PAC-).

Por su parte, a los nacionalistas catalanes les ha escocido especialmente el nombramiento de Josep Borrell como ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, al haber sido éste una de las principales voces catalanas contra la independencia, y que a priori supondrá un quebradero de cabeza para el independentismo catalán a la hora de intentar ‘camelarse’ a países extranjeros para su reconocimiento internacional.

Finalmente, a Bildu le ha molestado sobremanera que se haya nombrado al magistrado Fernando Grande-Marlaska como ministro de Interior, al haberse caracterizado en su trabajo como magistrado precisamente por su labor antiterrorista, habiendo sido un azote para ETA desde la Audiencia Nacional, hecho por el cual desde el entorno abertzale ya han declarado que “toman nota”.

De este modo, el nuevo gobierno que ha formado Pedro Sánchez ha querido marcar distancias claramente con quienes apoyaron al PSOE en la moción de censura, y aunque no parece que le vaya a dar tiempo a hacer demasiadas cosas (ya que como muy tarde la legislatura acabaría en primavera de 2020), sí parece una clara declaración de intenciones y, especialmente, de cara a las próximas elecciones generales.

En definitiva, podría llegar a afirmarse que éste sería un Gobierno nombrado más con ánimo electoralista que con efectos prácticos, empezando por el hecho de que con el número de diputados que posee el PSOE tiene poco margen de maniobra, y siguiendo porque el propio Sánchez afirmó que no va a agotar los dos años que quedan de legislatura. La carrera preelectoral ha comenzado desde Moncloa.