Sábado, 23 de junio de 2018
Alba de Tormes al día

Los trillones

En vísperas del 13 de junio, se aproximaban a la villa: yeguas, caballos, mulos y mulas denominados trillones

Hasta la mitad del siglo XX, que es cuando llega a estas tierras la transformación de los medio para la agricultura, el cambio de tracción animal por maquinaria, Alba de Tormes contaa con una feria comarcal, provincial y yo diría hasta nacional.

En la feria de San Antonio,  se daban cita todos los tratantes al igual que de la Sierra de Francia, del Valle del  Hambrós, de la oriental de Gredos (Piedrahita),  y  como es obvio de las comarcas próximas a la villa, con animales de tiro, bueyes, vacas y Ens. Mayoría caballerías, yeguas, caballos, mulos y mulas denominados trillones.

Estos trillones, en vísperas del 13 de junio, iban aproximándose a la villa ducal, pernoctaban y se alimentaban o nutrían de las hierbas que pillaban en las cunetas de los caminos y carreteras, en los eriales y posíos o comunes de cada pueblo cercanos  a  Alba de Tormes.

Centrando el tema, en la villa había varias familias que se dedicaban a estos menesteres, cambio, transacciones y trapicheo,  de los denominados trillones; familias grandes, numerosas apellidadas “Elices”, aunque también se les conocía  con el mote de “Piruliches”; igualmente estaban, los “candiles” y otros dedicados a la actividad de trillones. Mote o costumbre  que aún existe en los pueblos de la Tierra de Alba,  para conocer a una determinada saga de tratantes de animales como “Los Pernetas”, “Ñurris” y otros en Macotera.

Era frecuente en esta época mitad de siglo XX, observar cómo una sola persona  desde su cabalgadura,  manejaba una reata de animales, quince o veinte trillones.

Ya en el teso de la feria (junto al cuartel de la G. Civil y barrio nuevo de hoy día),  preparaban, esquilaban y ordenaban los tratantes a los “trillones” en función de la clase, categoría y  demás, dispuestos para la venta; era un verdadero espectáculo.

En la afamada feria de de Alba,  igualmente se exponía para la venta aparte de los trillones, toda clase de productos y herramientas relacionados con la agricultura tradicional. Productos como hoces para la siega, magos  de fresno, negrillo (olmo), cribas;  y como no podía ser de otra forma los clásicos trillos, cuyo monopolio de fabricación y reparación lo llevaba una familia afamada y  ubicada en Cantalejo (Segovia).

Eran esos y otros intereses los que primaban en dicha feria y en especial todo lo relacionado con la recolección, ya que también se palpaba los diferentes acentos culturales  de pronunciación en la oferta de verdaderas cuadrillas de segadores, extremeños,   serranos y gallegos que buscaban treinta días de verdadero trabajo  de siega en esas fincas de la penillanura de la Tierra de Alba y el Campo de Peñaranda, en los trigales ocres y dorados, donde a las 14:00 horas la cigarra en su auge cántico y calor asfixiante se hacía duro segar y agavillar,  campaña esa que se llevaban su buen y merecido suelo.  Si les había ido bien, tanto en el trato como en la manutención (siempre al seco), al año siguiente se esforzaban por encontrar el mismo contratante.

Por último, en dicha feria de  Alba, también se exponían a la venta frutas y verduras frescas y en especial eran muy bien esperadas las “cerezas” de la Sierra y del  Valle del Jerte, manjar éste con el cual  nuestros antepasados nos solían agasajar.

Aún recuerdo cómo esperábamos en la tarde de ese día de San Antonio 13 de junio, en la calzada de Alba de Tormes hacía Alaráz en la entrada de Navales, todo un espectáculo observar la cantidad de animales y trillones que transitaban a su lugar de destino y cómo no esperábamos las ansiadas cerezas.

Cipriano Carabias