Lunes, 18 de junio de 2018

Palabras como manzanas en Barbadillo

La localidad acoge el domingo de Corpus la obra de teatro ‘Teresa, la jardinera de la luz’ como broche final a sus fiestas patronales
"Teresa, la jardinera de la luz", en la iglesia de Barbadillo

Siguiendo las huellas de Teresa de Jesús que va dejando la obra de teatro ‘Teresa, la jardinera de la luz’, nos acercamos en este domingo de Corpus a Barbadillo. ‘Lazarillo de Tormes’ con su tan bien acogido y aplaudido montaje, sigue en el Campo de Salamanca, comarca a la que pertenece Barbadillo, después de haber representado ayer en otro pueblo de esta zona salmantina, cumpliendo así con todos los compromisos adquiridos con nuestra provincia de la mano de la Diputación. Como en muchas localidades que celebran esta fiesta final de Pascua, se ha sustituido el tradicional jueves en el que estaba instalada, para trasladarla al domingo en el que hay mayor participación popular.

Para Barbadillo, en concreto, es uno de los días señalados de sus fiestas locales, junto a la de San Roque en agosto. Y nada mejor que poner el broche final con un evento tan exclusivo a la vez que cercano como lo es la obra de teatro ‘Teresa, la jardinera de la luz’.

Si esta puesta en escena ha conseguido algo reseñable, es el acercamiento que hace de la figura de una mujer, que por ser monja, vivir hace cinco siglos y saltarse las normas de ambas circunstancias anteponiendo su condición de mujer y sobre todo de persona, la miremos de frente con admiración. Es, sin duda interesante un guión, el de ‘Teresa, la jardinera de la luz’, que con la brevedad y concisión que encierra, es capaz de transmitir lo más importante y a veces desconocido de esta carmelita que no sólo estuvo a la vanguardia de su tiempo, sino que lo estaría igualmente en el nuestro. No es fácil entender que ser monja diera la libertad para elegir el camino que se quiere seguir. Es lógico pensar que en aquella época sería en muchos casos una imposición ineludible. Y sin embargo en Teresa fue un acto de elección consciente y personal.

La interpretación que de la obra hace el grupo teatral ‘Lazarillo de Tormes’, es tan fluida y veraz que ha conseguido hacer llegar otra dimensión del fenómeno teatral, el de la naturalidad y espontaneidad en escena, que envuelve al público y le hace cómplice de las situaciones humanas que se reflejan y de las que somos reflejo. Por ello la iglesia parroquial de santo Domingo de Barbadillo, a la que a tantos actos culturales de diversa índole acuden sus vecinos, una vez más se difumina para trasladar a los espectadores a otro contexto, a otro lugar, a otra época. Y sin embargo y bajo unos hábitos de lana de oveja, se oyen afirmaciones, ideas, y palabras que nos hacen tan conscientes de lo obvio que se escucha, que hasta el vestuario, atrezzo y escenario se nos antojan normales y propicios. Incluso la música renacentista que llega desde el órgano instalado en el altar es la réplica perfecta, el lenguaje complementario de todo lo que está sucediendo ante un público, ahora más cómplice que observante.

Para un pueblo que, con su alcalde y párroco a la cabeza, se siente tan orgulloso del patrimonio artístico que encierra su bella iglesia barroca, ver a un padre inquisidor encaramado a un púlpito y defendiendo las convenciones de su época, parecía resultarle un tipo de cuadro más bien inapropiado. Después de tantos siglos de formalismos estereotipados en ámbitos que deberían estar más cercanos a nuestra condición humana, como es la religión, ante la puesta en escena de ‘Teresa, la jardinera de la luz’ empiezan a caer las murallas que más que defendernos de potenciales enemigos, han encerrado al hombre y su condición de alegría y bondad espiritual. Teresa vio luz en aquello en lo que creía y lo vivió y contó con la misma facilidad como nos llegan los diálogos, gestos, emociones y fuerza interpretativa de los actores que ante nosotros se mueven. Ya no parece aceptable que en pleno XVI, un dominico subido a un púlpito predique un mensaje de oscuridad y miedo en contra de una mujer, que monja y sin poder, demuestre tal capacidad intelectual y social que arrase no sólo con las normas de su época, sino con las de toda la religiosidad vigente. Su mundo era igual para todos, como Dios también, como poder contemplar ahora a cualquier laico hablando de Él en los altares.

Al igual que en la tradicional fiesta de Las Madrinas de la Virgen que las jóvenes de Barbadillo han celebrado durante tanto tiempo al cumplir los 21 años, lanzando a todos manzanas desde el Ayuntamiento, un grupo de hermanas carmelitas del XVI, subidas en un altar, lanzan contra la injusticia inquisitorial de cualquier tiempo las hazañas vividas por una mujer, que no dudó en escribirlas para todos, y hacerlo también para los grandes denunciando así su pequeñez de miras. A la luz de la tradicional fiesta del Corpus Christi, se volvió a aplaudir a una Teresa que se confunde con nosotros. Una tarea ésta de ‘Lazarillo de Tormes’ que sigue haciéndonos llegar los frutos de su jardinera.

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