Viernes, 22 de junio de 2018

Pedro Sánchez no pasó de Suresnes

Aquel PSOE que fundó otro Pablo Iglesias, hace casi 140 años, pasó por varias vicisitudes y tuvo su última “reconversión” en el Congreso de Suresnes de 1974. Hasta esa fecha, el partido había crecido socialista, obrero y marxista, aunque no “despegó” hasta que Pablo Iglesias fundó el sindicato UGT. Su alianza con los republicanos y su afán por ser más de izquierdas que los demás, hicieron del socialismo español una corriente política teñida de un profundo espíritu anticlerical, que perdura hasta hoy. En nuestras últimas Constituciones se habla de un Estado laico pero no de odiar exclusivamente a la religión católica, porque, casualmente, a las demás sí se las respeta.

El primero en descubrir que el PSOE se había pasado de frenada fue Felipe González, pero no en Suresnes sino en Madrid, y en 1976 con ocasión del XXVIII Congreso. El ansia izquierdista de Suresnes estaba fuera de contexto. Las directrices del partido se habían tomado sin tener los pies en el suelo y, en muchos casos, por parte de personas que, por vivir fuera, desconocían la verdadera situación de los españoles. Han pasado cuarenta años y la realidad ha demostrado que Felipe González no se equivocó renunciando al marxismo en 1979.

Después de oír a Pedro Sánchez en la moción de censura, me queda la duda de que él sigue sin aceptar la verdadera filosofía del PSOE. Desde los  turbulentos años de la Segunda República, ningún presidente ha caído tan bajo como él, a pesar de que alguno sí que lo intentó.

Siempre he repetido lo absurdo que me parece elegir para los cargos de responsabilidad a las personas menos idóneas. No se trata de pretender un alto coeficiente intelectual ni una vasta preparación en todos los campos de la vida pública. No. Hablamos de personas con sentido común, honradas, capaces de diferenciar el bien y el mal, y con un arraigado sentido de fidelidad a la Nación y sus  leyes. Después, y por grotesco que parezca, debe exigírsele a todo político que no mienta cuando trate asuntos trascendentes. Ya nos enseñó el viejo profesor que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas, pero él al menos reconocía su ironía. Pedro Sánchez miente como un bellaco, pero nunca reconocerá que la ha hecho. No es necesario ilustrar estas líneas con los múltiples y recientes comentarios de lo que hará  cuando alcance la presidencia del gobierno. Hablaba de no admitir el apoyo de separatistas o filoterroristas, al mismo tiempo que contaba los votos favorables de PNV, ERC, Bildu, Podemos y demás familia Frankenstein.

Parecía impensable que un miembro del PSOE pretendiera llegar al Palacio de la Moncloa apoyándose en los enemigos de España. ¿Es que no queda nadie en ese partido con la suficiente valentía para hacerle reflexionar sobre lo impropio de su proceder? ¿Nadie quiere preservar al PSOE de la debacle que se cierne sobre él y sobre España? Muchos españoles de bien  -aunque no sean votantes suyos- reconocen lo que ha aportado ese partido al bienestar de todos. De momento, Pedro Sánchez ha demostrado no parase en barras para ser Presidente del Gobierno de España. Más que un deseo, ha sido una verdadera obsesión. Sabía bien que nunca llegaría a la presidencia del gobierno como vencedor de unas elecciones. Algo refleja la imagen que ilustra estas líneas. Aparece un Pedro Sánchez que, a pesar de la nube de fotógrafos que pretenden inmortalizar el momento, no quiere que se escape el objetivo de la cámara de TV, y se olvida de ellos

Por eso digo que Pedro Sánchez, una de dos, o no es socialista, o no pasó de Suresnes; en cuyo caso no sería de extrañar que acabara un día en las filas de Podemos. La casualidad ha querido que con sus iniciales se forme el acróstico PSPC. La pregunta es: en su persona ¿qué predomina, el PS o el PC? En cualquier caso,  le auguro un negro porvenir. Ninguno de los partidos que le han ayudado a llegar a la Moncloa, facilitarán nunca las medidas que anunció en el Congreso. Antes de tomar posesión, han dejado muy claras sus exigencias. Nada de sugerencias. Unos le piden ya entrar en el gobierno, otros anuncian abiertamente su deseo de independizarse. Y luego vendrán las peticiones de indultos y amnistía ¿Cómo piensa salir adelante? Lo ha intentado otras veces, hasta que la 1ª sentencia del caso Gürtel ha sido su tabla de salvación. Y se ha agarrado a ella para no ahogarse. Desde luego que es una operación perfectamente democrática, pero es el único político que ha accedido a la presidencia del gobierno sin ganar unas elecciones. Se necesita estar muy ciego para no ver que acabará ahogándose; él y, de rebote, todo los españoles. Nada me gustaría más que equivocarme al comprobar que la labor de Pedro Sánchez ha convertido a España en una nación más próspera y unida que la actual.

Dicho todo lo anterior, es el legítimo Presidente del Gobierno, pero lo será mucho más el día que le elijan los españoles. De ahora en adelante, ya saben lo que deben hacer quienes no estén conformes con la política que desarrolle.