Viernes, 22 de junio de 2018

El sentido de la vida

Últimamente, el último año, después de la experiencia de muerte por la rotura de la aorta, me paro mucho a pensar.

Creo que no he dejado de hacer nada, espero no hacer las cosas peor en mi trabajo, viajo igual, hago más deporte, escucho más música, intento ser útil como siempre y sigo con el mismo compromiso o más. Sigo al lado de mi familia incondicional,  aunque me gustaría mejorar para ellas.

Después de un año sigo sintiéndome de prestado en la vida, no sé si abuso de ese recuerdo, quizá debiera pasar página, pero es como si estuviera esperando algo que no he entendido de ese mensaje.

Probablemente  esté siendo pesado y poco divertido, pero nunca fui el más chistoso. Se puede hacer lo mismo o más aún, parándose a respirar cada ciertos pasos.

Yo siempre enfoqué la vida como la capacidad de ayuda a los demás, a los que más quieres y a los más desfavorecidos, sin negar un favor a nadie.

Pero sentido en la vida, no pueden tenerlo sólo salvadores de vida como los cirujanos o los bomberos. Me pregunto muchas veces qué sentido tendría mi vida si me hubiera quedado paraplégico o algo así. De todas formas me sigo preguntando el para qué.

Por eso sigo buscando la Fe en un Dios que da sentido a todas las vidas, que a todos invita a la felicidad.

Nunca llevé bien el día de cumpleaños, un día como hoy. Pero ciertamente con los recuerdos del pasado año este se saborea más. Esperando celebrar con mis hijas muchos de sus logros.

Hemos comido juntos y saboreo la segunda  oportunidad que la vida me ha dado. Cuando toque quiero morir con las botas puestas. Seguiré apostando por dejar el mundo un poco mejor de lo que lo hemos encontrado.

Cuenta el día a día de la educación en Santiago Uno, compartir Marruecos con mis hijas y los chicos, la intención de viajar a Sudáfrica y muchos miedos a vencer.

Me sale un sentimiento de agradecimiento y oración. También un mensaje de ánimo para los que están en situaciones como la mía del año pasado y que se prolongan y prolongan en el tiempo.

Que nadie que tenga un aliento de vida pierda la esperanza. Supongo que la espera activa y con cierto esfuerzo siempre acaba mereciendo la pena.

Hay que seguir caminando por la vida acompañando y dejándose acompañar. El siempre listos de los scout, las lámparas encendidas del Evangelio, todo lleva a un aprovechar el presente de la forma más solidaria posible. El otro día daba una charla a profesores de cómo educarse con los que aparentemente no quieren vivir o mejor dicho no se quieren a sí mismos,  pues con estos menores continuo camino.