Viernes, 22 de junio de 2018

Me impresiona

Quizás cada una en sí misma y aislada parezca cosa de importancia secundaria, pero me impresionan. Y señalo media docena de ejemplos entre bastantes más que se podrían recordar.

Me impresiona el empleado o la empleada que aun en un día de frío está en la calle junto a la puerta de su oficina. No está en un descanso absurdo ni ha sido expulsado unos minutos del terreno de juego ni ha salido a comprobar el frío, simplemente está fumando un cigarrillo donde legalmente puede hacerlo. Y me impresiona esa dependencia insuperable que lleva a un acto tan repetido como descabellado.

Me impresiona el grupo de chicos de catorce o quince años con su vaso de alcohol en la mano a eso de los prolegómenos de la noche por la zona del final de la Gran Vía; hace años era el sábado y tenían 17 años, después fue el viernes y eran un año más jóvenes y ahora son todavía más jóvenes y se han adelantado a los jueves. Es un espacio legalizado de iniciación y de precocidad letal. Y quizás soy un antiguo, pero me impresiona.

Me impresiona la nube de abuelos con horario cargado hasta los topes, sosteniendo a media España con su asistencia y dedicación; sin ellos se detendría la marcha del país. Al colegio por la mañana y antes o después de comer; porque si es antes iría la comida además; y si es después de comer, les queda media tarde con merienda hasta que lleguen los padres. Quizás si las circunstancias lo permiten quedan libres y cansados para el fin de semana. Y me impresiona casi más la tranquilidad de muchos hijos que pudiendo buscar otras soluciones aunque fuera con un coste económico que podrían asumir, no lo hacen y se acomodan a lo más fácil. No es que sea una explotación de mayores, pero me impresiona el uso intenso e indiscriminado de este recurso discutible.

Me impresiona la desigualdad general desde que naces. Y digo general porque es en todo, en capacidades y oportunidades, en dinero y en resortes sociales, en educación y en salud, en prestaciones y en familia. En todo. Y las más de las veces por puro azar como si una mano loca jugara a los dados con cada uno. Sí, hay explicaciones y creencias que salen al paso de semejante desbarajuste, pero no me rebajan la impresión. Porque, efectivamente, ese hecho tan injusto y tan repetido me impresiona.

Me impresiona la cantidad de gente buena desconocida que cada día hace su trabajo, vive en paz, actúa con bondad, sabe estar en su sitio, perdona si llega el caso, es generosa y solidaria, vive con fidelidad lo que piensa y lo que cree, un día y otro sin aspavientos y con normalidad.  Quizás le falta un poco de rebeldía y algo de intervención social, pero no se puede tener todo. Y me impresiona la cantidad de personas que viven así, aunque no aparezcan en ningún espacio de exhibición.

Me impresiona la cantidad de detalles que disfruto cada día, desde una ciudad a la medida humana, llena de descuidos y faltas, pero bella y cómoda hasta una vida diaria bien atendida y cubierta; desde el placer sencillo e interminable de una buena lectura, una serena reflexión o un espacio de soledad hasta el placer de los amigos y el gratificante trato con mucha gente conocida y querida. Sin olvidar los pasos y compases de la piedad cristiana que rellena todo de sentido y de alcance total. Todo esto decide la calidad de la vida y me impresiona.

Me impresiona una carta Pastoral del Padre Cámara de enero de 1897 para denunciar el hambre que como “gran calamidad se extiende por la provincia especialmente en la región occidental desde Ledesma hasta el Duero”. Y dice que ante la situación de miseria “la gente de la Ribera sale en cuanto pueden para Brasil y en la Ramajería ha muerto mucho ganado desfallecido”. “Es el negro cuadro de la miseria reinante”. Y en el Boletín de febrero daba cuenta de diferentes medidas adoptadas, desde cocinas populares hasta préstamos fáciles o la gestión en Madrid para que se aprobara finalmente el proyecto de la carretera de Ledesma a Fermoselle por Trabanca, que esperaban sirviera para el desarrollo y la comunicación de esa región. Me impresiona que nuestros abuelos o bisabuelos vivieran aquellos tiempos de miseria y que nosotros estemos donde estamos; me impresiona el panorama de hambre y sed que hoy todavía se extiende por medio mundo.

Y basta ya con esta breve muestra de cosas que me impresionan, para bien y para mal porque así es la vida misma. La lista sería interminable y forman esa mezcla humilde y magnífica a la vez que es la existencia de cualquiera y de cualquier sociedad.