Viernes, 22 de junio de 2018

La Procesión

 

Antiguo y venerable rito presente en todas las épocas y rincones del mundo que se conoce, desde la más antigua antigüedad hasta hoy. Es un rito presente siempre, una y otra vez, y sin él propiamente no hay acontecimiento ni anuncio ni conmemoración ni fiesta ni nada de nada. Es un rito esencial y omnipresente en todos los niveles de la vida y de la sociedad: las ha habido, y las hay, religiosas, sociales, lúdicas, políticas, culturales, etc… entrecruzándose casi siempre en ellas no pocos valores coincidentes. Porque cada una de ellas, si es verdadera y coherente, hace memoria, celebra un presente y presenta un futuro. Son los tres pies de todos los trípodes de todas las procesiones.

Por eso se levantaba en alto la grandeza inefable del faraón en la solemne procesión desde el río hasta el templo; había un sentido y muchas consecuencias. Por eso se exaltaba en largo recorrido el sueño mexica desde Tenochtitlan hacia las tierras vírgenes; había razones hasta de supervivencia de un pueblo que emigra.

Por eso el equívoco y mixtificador paso lento en Ouidah, en Benín, entre la adoración y el encantamiento junto a la Puerta del No Retorno. Un pueblo entero busca allí su código primigenio. Y es sabida la trascendencia divina que respiraba la larga  y escultural procesión de las Panateneas hasta lo alto del Partenón portando el peplo de la diosa en señal del reconocimiento y de la justificación misma de una ciudad. Sin Panateneas quizás no existiría sabiduría griega.

Y no comparo manifestaciones, sólo enumero media docena entre cien mil, porque cada rito de gran procesión, innumerables en el mundo, no es reductible ni comparable, pero en ese largo, larguísimo marco de humanidad profunda se sitúa toda procesión que se tome en serio.

La procesión del Corpus, mantenida con entrañable fidelidad a lo largo ocho siglos y por toda la geografía del mundo hasta en los momentos más duros, es un gesto público de máxima altura, ancho como la ciudad y hondo como la fe que lo provoca. Y quizás por eso, por tanta y tan delicada grandeza, a veces nos desborda y se nos queda grande.

Es la pregunta de cada año al llegar estas fechas. ¿Cómo estar todos a la altura merecida? ¿Cómo expresar la anchura de un gesto que sufre las medidas y reducciones ya conocidas? ¿Cómo cuidar con la calidad merecida la hondura de sentido y de compromiso que brota de un sacramento tan profundo? Esa es la triple cuestión que se plantea ante cada Fiesta del Corpus con su Procesión incorporada. Y el temor y el temblor, en sus sentidos más profundos, no nos los quita nadie.

Y hay una cosa que saben muy bien los grupos y comunidades que procesionan en cualquier parte del mundo y en honor o memoria de lo que y/o de quien lo hagan. Entre nosotros, y así ha sido a través de la historia, la Procesión del Corpus ha sido y es otra cosa y se sale, por envergadura y significado, de la lista de las incontables procesiones que se suceden por el ancho mundo religioso o folklórico, por muy multitudinarias que lleguen a ser.

Por espero que esta procesión (¡tan diferente de las demás y además única!) sea memoria: este signo que llevamos en alto como Sacramento y Símbolo y Fuente de casi todo reúne toda nuestra historial, es crónica total y memorial perfecto. Por eso hasta por las calles, además de por el alma y la vida, lo paseamos con la más alta solemnidad. Con toda la razón.

Y que sea también anuncio, respetuoso y templado, de Aquél en quien creemos y que es para nosotros calle y pan, camino y alimento, fundamento y remate de la vida. Y ya que se dice hoy un poco en voz alta, que sea audible y sobre todo inteligible esa confesión en medio de la ciudad. Nada fácil, entre el altavoz y el respeto, la palabra y el silencio, pero posible.

Y que, por supuesto, sea ante todo profecía. La Pro-cesión pro-pone, pro-voca, pro-roga, pro-nuncia, pro-clama, pro-yecta, pro-pugna, pro-duce, pro-fesa, pro-mete, pro-pende, pro-sigue, … o sea, pro-fetiza en todas las variedades de la profecía cristiana. El futuro está anunciado, servido y compartido. Enhorabuena.

Pues nos vamos de procesión; mañana, domingo, a las 18 h Eucaristía en la Catedral y a continuación la Solemne Procesión por las calles. Vamos…