Lunes, 18 de junio de 2018

Por la puerta de los carros

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Los acontecimientos de los últimos días dejarán una huella imborrable en la historia política de nuestro país. El gobierno del PP  ha actuado con tanta soberbia, displicencia e indignidad, (sobre todo con la obscena negativa a reconocer la corrupción política en la que han estado sumidos) que la mayoría absoluta de los diputados del Congreso ha decidido (en el debate de la primera sesión de la moción de censura presentada por el PSOE) retirar el apoyo a su presidente M. Rajoy.

No deja de ser llamativo que miembros del PP y del gobierno de M. Rajoy lleven sistemáticamente engañando a los españoles y manipulando la realidad arrimando siempre el ascua a su sardina. Y lo han hecho con tal desfachatez e ignominia que han conseguido convencer a buena parte de los españoles en las diferentes confrontaciones electorales. Para el PP el fin siempre justifica los medios y les da igual los muñecos rotos que dejan por el camino con tal de salirse con la suya.

Así, con los casos de corrupción que les están afectando, siempre han negado la mayor, en ningún caso han reconocido los hechos y han puesto palos en las ruedas de la investigación (policial y judicial). Primero negaron taxativamente las acusaciones hacia Bárcenas y la Gürtel,. M. Rajoy declaró en presencia de varios miembros de su ejecutiva y, con toda la solemnidad del mundo y con cara de cordero degollado, negó categóricamente las acusaciones y afirmó que era una “trama contra el PP”. Después, cuando se estaban practicando las diligencias sumariales por parte del juez Garzón, el PP utilizó todas las argucias legales y consiguió que apartaran a Garzón de la causa y que le incoaran un proceso penal que finalizó con una condena de inhabilitación, apartándole definitivamente de la carrera judicial. Cuando Bárcenas filtró a un medio de comunicación copias de la contabilidad paralela (caja B) que se llevaba en el PP y en las que estaban apuntados varios pagos de miles de euros a diversos cargos de esta formación política (incluidos el presidente M. Rajoy y la ahora ministra de Defensa, Dolores de Cospedal), inmediatamente salieron en tropel todos los miembros del PP diciendo que esos papeles eran falsos y que, en ningún caso, ni Cospedal ni Rajoy habían cobrado sobresueldos. Por otra parte, nunca colaboraron en la investigación judicial, porque el juez Ruz tuvo que ordenar la entrada y registro de la sede nacional del PP (ante la negativa de abrir voluntariamente sus puertas), comprobando que habían borrado los discos duros de los ordenadores de Bárcenas donde estaba esa contabilidad B.

Pero el colmo de la desfachatez ha llegado esta semana con motivo de la sentencia de Gürtel  en la que salen condenados a penas de prisión, entre otros, Bárcenas, su esposa y el ex marido de la ex ministra Ana Mato, además del PP y la propia Ana Mato como partícipes a titulo lucrativo, considerando que, efectivamente, hubo caja B del PP y, además, que “se creo un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública central, autonómica y local”. Es decir, corrupción del estilo de las que cometen las mejores organizaciones criminales. Es una verdad a medias decir (como lo están haciendo los miembros del PP, demostrando que tienen la lección bien aprendida) que el PP no ha tenido una condena penal, sino civil. Lo que no dicen es que esas conductas realizadas por el PP desde 1989 hasta, al menos, 2008, no suponían responsabilidad penal porque no estaba regulada en el Código Penal, pero ahora sí, después de la reforma del Código Penal aprobada por Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio. Lo que para el PP ha supuesto una represión no penal actualmente con la ley vigente podría suponer una sentencia condenatoria de disolución de la persona jurídica (del PP como partido, en este caso) o la suspensión de actividades por un periodo de tiempo, entre otras.

Por todas estas consideraciones y por ética política y democrática, el PSOE (segunda fuerza política del Congreso de los Diputados) estaba en la obligación de presentar una moción de censura contra el presidente M. Rajoy y que, por primera vez en la historia de nuestra joven democracia, ha prosperado. El resultado del escrutinio ha sido de 180 votos a favor (toda la oposición, menos Ciudadanos), frente a 169 en contra (PP y Ciudadanos) y una abstención (Coalición Canaria). Era tal la situación de emergencia, que el sentido común ha puesto de acuerdo a diputados de diversas ideologías convirtiendo en histórica la decisión.

M. Rajoy podía haber evitado esta catástrofe sin precedentes en un partido político que, además, ha gobernado durante los últimos 7 años, pero con su negativa a dimitir (en un gesto de inigualable soberbia) ha provocado que la moción haya prosperado. Personalmente estoy convencido que M. Rajoy no ha dimitido porque quizá era lo menos malo para él y su partido, ya que la guerra cainita para su sucesión y candidato alternativo si él hubiera renunciado, se hubiera desatado inmediatamente. De ahí que la que siempre está en todos los saraos de engaños y manipulaciones del PP (Dolores de Cospedal,  una de las que, estoy seguro, se va a postular como candidata de esta formación a las próximas elecciones generales) saliera inmediatamente a los medios de comunicación -cuando ya se conocía el voto afirmativo del PNV a la moción-, negando que M. Rajoy fuera a dimitir.

Pero se ha hecho justicia política y M. Rajoy pasará a la historia como el líder del PP que consintió las prácticas corruptas más deplorables de nuestra historia democrática reciente. M. Rajoy, -como históricamente ocurría con los malos estudiantes de la Universidad de Salamanca que, después de estar en capilla la noche anterior, suspendían las duras pruebas de doctorado-, ha salido por la “puerta de los carros o de los burros”. Se lo tenía bien merecido.