Viernes, 22 de junio de 2018

Hasta que la noche nos alcance

Un poco más arriba. Sí, lo encontrarán un poco más arriba. O tal vez al lado, justo a la derecha, abajo, o a la izquierda. Se llama Juan José Nieto Lobato. Su columna, “El corazón de un campeón” (aunque no tiene nada que ver con su corazón en concreto). Búsquenlo, léanlo. Me lo agradecerán.

Hasta que la noche nos alcance es su primer libro en solitario (aunque en absoluto su primera publicación) y se trata de un libro de relatos, de ocho relatos, que funciona como octágono perfecto (siempre lo defino con el mismo símil, él sabrá disculparme), unitario, correspondiente a un proyecto común y coherente, en el que cada lado es justo y necesario y ofrece siempre, además de una nueva historia, una nueva posición, un nuevo ángulo.

¿Y sobre qué trata Hasta que la noche nos alcance, este libro de relatos publicado en Ediciones La Huida hace apenas un mes?

El eje vertebrador, es el deporte y, sobre todo, el poder del discurso del deporte en el deporte, que nos recuerda, en definitiva, la capacidad constructiva de la palabra.

Pero no solo nos habla del deporte y su verbalización. También nos habla de la naturaleza humana, de los conflictos interpersonales e intrapersonales de los diversos protagonistas, que bien podrían ser el mismo, como hace saber el autor en su introducción al libro, y de su evolución en la trayectoria deportiva.

Desde escenarios muy diversos, desde distintos lugares del mundo, distintas épocas y, por supuesto, distintos deportes y distintas etapas de un deportista profesional en creciente declive, cumpliendo de este modo el principio de universalidad y logrando un perspectivismo muy enriquecedor que no nos dejará indiferentes, la mirada honda y compleja de Juan José nos lleva más allá de la superficie de cada lado del octágono y profundiza en la experiencia deportiva y también en la larga sombra que acompaña a la experiencia deportiva, en la dicotomía cernudiana entre la realidad y el deseo, en la soledad, el entusiasmo, la tristeza y, en definitiva, la inevitable nostalgia.

Como obra de nuestro constructo cultural (llamémoslo posmodernidad), asume el fragmentarismo y la multiplicidad de puntos de vista, de ahí la elección de un narrador limitado (el narrador intradiegético que parece ser el desdoblamiento de un mismo personaje en decadencia) que se dirige a un lector no ingenuo, la individualidad escéptica, las referencias culturales, la ironía, el humor inteligente y el hedonismo, como últimas posibilidades para sobrevivir al paso del tiempo, a la resaca después de la fiesta, al cielo contaminado tras los fuegos artificiales.

Disfruten de Hasta que la noche nos alcance antes de que llegue la noche que habrá de alcanzarnos, cuya oscuridad podemos intuir. Esa noche que pone fin al juego, en cuya espera vivimos.