Martes, 19 de junio de 2018
Béjar al día

El fresno que no acepta las disculpas

PUERTO DE BÉJAR | Cartel divulgativo en uno de los tres tramos restaurados de la calzada romana Vía de la Plata a su paso por el término municipal de Puerto de Béjar

Cartel junto al Puente de la Malena

Con un letrero de grandes dimensiones y bajo el rótulo de ‘Disculpen las Molestias’, se exhibe la restauración del ITER Asturica AB Emerita Augustam, en el Puente de la Malena, para que todo el que pase por ese lugar no deje de ver que el 1 % cultural del Ministerio de Fomento ha intervenido en las obras y que ha sido el Ayuntamiento de Puerto de Béjar el promotor.

Algo que se agradece, para que quede bien clara la autoría de tal aberración de cartel, que no sólo provoca un impacto visual en el entorno difícil de calificar, sino que está dañando ostensiblemente el patrimonio natural.

El fresno se defiende como puede, tratando de derribar el engendro que pretende anunciar la obra del hombre, mientras que en otro tramo de la calzada, supuestamente recuperada, la naturaleza se está vengando, apoderándose de la vía sin que nadie se tome la molestia de mantenerla con un simple desbroce.

La Vía de la Plata, contiene abundancia de restos fósiles de origen romano, la construcción de la Autovía A-66 propició la intervención del Ministerio de Fomento, que dedicó el 1 % Cultural a la recuperación, para su puesta en valor, de tres tramos a su paso por el término municipal de Puerto de Béjar, en la provincia de Salamanca. Esta inversión se hizo con el fin de incentivar el turismo del conocimiento entre caminantes y peregrinos y que el patrimonio histórico sirviera como recurso para los empresarios de la zona que tienen, o pudieran tener en un futuro, establecimientos turísticos  en la zona.

El enorme cartel publicitario que divulgaba la intervención se mantiene en su sitio, hecho para perdurar y deja en evidencia el ridículo de quienes presumen de inversión y en poco tiempo se olvidan,  mientras el verdadero patrimonio se deteriora y vuelve a quedar sepultado por el abandono, a la espera de que en algún momento las autoridades se conciencien de que apostar por el futuro del mundo rural es ocuparse permanentemente de su pasado y no sólo anunciar “Trabajamos en la conservación de nuestro patrimonio histórico”.