Lunes, 18 de junio de 2018
Las Villas al día

Si las piedras hablaran...

CANTALAPIEDRA | El grupo de teatro ‘Lazarillo de Tormes’ representó esta obra en el marco del conjunto de actuaciones que la Diputación de Salamanca patrocina para conmemorar el Año Jubilar Teresiano

La representación tuvo lugar en la iglesia de Nuestra Señora del Castillo

Y sin embargo parecen estar cantando cuando un grupo de hermanas carmelitas, llenas de polvo del camino, desfilan con sus austeros hábitos de estameña por uno de los inmensos pasillos que llevan al altar de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Cantalapiedra. El gran espacio que ofrece el recinto se impregna de las notas musicales que salen de un órgano renacentista donde un músico de entonces, un conocido maestro, toca mientras las monjas cantan un kyrie acompañadas por la resonancia que las piedras del templo les ofrece. Es como si se hubieran despertado de su sueño de Historia y cómplices acompañaran en el canto. Todos los allí presentes vuelven súbitamente de su sobrecogida sensación de estar ante algo mágico, cuando la voz de un hombre en hábito oscuro como su expresión desconfiada, empieza, desde la altura del púlpito en el que está encaramado, a increpar a las mujeres por su tardanza. Entonces nuestra perspectiva tiempo-espacio cambia, y nos sentimos inmediatamente transportados al siglo XVI, y a la iglesia del convento de Alba de Tormes. Corre el año 1582.

En la presentación de Teresa, la jardinera de la luz, el productor de la obra, Javier de Prado, nos advierte de la singularidad del montaje ante el que estamos a punto de situarnos, y en el que con apenas los elementos imprescindibles de vestuario y atrezzo: un púlpito y un órgano, el grupo de teatro ‘Lazarillo de Tormes’ es capaz de transportarnos con su sublime interpretación del guion que Denis Rafter elaborara para este trabajo, a la época y circunstancias que pudieran haber ocurrido en los momentos previos al fallecimiento de Teresa de Jesús en Alba de Tormes. Lejos de estar ante una sucesión de hechos o datos históricos que también tienen cabida en la obra, es la dimensión de ser mujer consciente de serlo, lo que atrapa la atención de todo aquél que se acerca a Teresa, la jardinera de la luz. El ‘Teatro’ que en esta ocasión abre sus puertas para ofrecer su altar-escenario a la puesta en escena es la maravillosa construcción de Nuestra Señora del Castillo, que da también pistas sobre el rico patrimonio histórico y artístico que este pueblo encierra, empezando por su parroquia, Bien de Interés Cultural.

Cantalapiedra fue desde los comienzos de la Reconquista, una importante plaza fortificada que crearan sus repobladores, los reyes leoneses, por encontrarse en un vértice fronterizo entre los reinos de León y Castilla la Vieja. Duras peleas tuvieron lugar siglos después entre los Reyes Católicos y la Beltraneja por el trono, y Cantalapiedra pagó la furia de Isabel a la que no apoyaba quedándose sin castillo y murallas. Sólo quedó la parte dedicada a Dios, es decir su maravillosa iglesia, antes apoyada en el castillo, ahora centro neurálgico de la Plaza Mayor del pueblo y sus habitantes, y un torreón mocho de la muralla, por haber sido propiedad del obispado de Salamanca, a quien fue cedida la población en el siglo XII. De nuevo narraciones en torno a luchas por el poder, donde no hay ni siquiera compasión fraternal. Sólo se entiende de murallas defensivas. Y sin embargo dentro de este singular espacio románico-mudéjar que encierra joyas de épocas pretéritas, en un abrazo de siglos y cultura, y que tanta sangre sin embargo ha visto derramar alrededor, se escucha entre sus paredes cómo para una Teresa, firme en la fe de lo que para ella era válido y eterno, Dios, no hace falta ningún tipo de murallas o barreras entre los hombres, pues todos son iguales ante Él. Por ello luchó, escribió para declararle su amor, protestar en su Nombre y aleccionar y dar ejemplo a todos los que con ella estaban en la tarea. Grandes dones intelectuales y espirituales que humildemente puso al servicio de todos, a pesar de que todo esto le ganó la sospecha inquisitorial de ser bruja por ser mujer. Todo un reto para la época y un emblema para el mundo futuro que presume de progreso y modernidad.

Esto se encuentra concentrado en sólo una hora, en un texto tan preciso y certero por su documentación y sencillez, que los cantalpetrenses sentirían la curiosidad de conocer la vida cotidiana de sus monjas Clarisas de clausura, mujeres a fin de cuentas, y un gran orgullo por su paisana sor Ángela de la Cruz, mística y escritora del XVII, que también fundara la Orden de Trinitarias. El espíritu de estos días de Pentecostés en que Cantalapiedra celebra a su Virgen de la Misericordia, pareció emanar de la pedagogía cultural que Teresa, la jardinera de la luz transmite con la verosimilitud que ‘Lazarillo de Tormes’ nos regala. Gran aportación de la Diputación para todos los pueblos salmantinos.