Domingo, 27 de mayo de 2018
Las Arribes al día

Alrededor de 400 fieles, bajo la protección de la Virgen ‘chica’

PEREÑA DE LA RIBERA | La ermita del Castillo volvió a llenarse de fieles para celebrar el 14 de mayo junto a los mayordomos Diego Martín Barrueco y Santiaga Murillo Canseco

Después de finalizar los actos religiosos se repartieron más de 360 raciones de paella / FOTOS: SILVESTRE

Un año más, decenas de pañuelos y cadenas volvieron a acariciar la reja guardiana de la piedra blanca, buscando parte de esa magia que se extendió por toda la provincia charra hace casi cuatro siglos. Desde la Sierra hasta Las Arribes, e incluso al otro lado del Duero, los milagros del polvo blanco que desprendía aquel pedazo de piedra, surgida del interior de la peana de Nuestra Señora de los Ángeles, fueron poco a poco haciéndose un sitio en el corazón de las gentes.

Así, desde que el 14 de mayo de 1721 aquella peana de granito descubriera su tesoro, la Virgen del Castillo deslumbra a toda La Ribera, haciendo buena la leyenda escrita en los sueños de un pastor, que marcó el lugar de su descanso de siete siglos entre las ruinas del castillo para impedir el sacrilegio morisco.

Desde entonces, milagro tras milagro en gargantas y pulmones, han hecho la historia de esta fiesta pereñana, a la que acuden fieles fervorosos creyentes que esperan en sus pañuelos los favores de la Virgen Chica, pero que lo mismo que pequeña es su reliquia, es la de mayor veneración en toda La Ribera.

Comenzaban las celebraciones este pasado sábado con misa en la ermita, pues no todo el mundo podría acudir un lunes a los actos, y por la noche una verbena con el grupo Estrella Show.

Así pues, hoy 14 de mayo, se celebraban en la ermita del Castillo los actos de exaltación a la Patrona de los pereñanos, donde el párroco local, José Ramón Mateos, se dirigía a los fieles para agradecer la presencia de cientos de personas procedentes de todos  los rincones de la Raya, que de esta manera rendía devoción a nuestra Señora del Castillo y acompañaban a los mayordomos, en esta ocasión el matrimonio formado por Diego Martín Barrueco y Santiaga Murillo Canseco, que al finalizar los actos religiosos ofrecían un convite de pastas, dulces, chochos y aceitunas, y vino a todo aquel que se acercó por la casa del ermitaño. Esta será la penúltima vez que empuñen las varas, pues su próxima aparición en público, allá por el mes de septiembre, será para entregárselas a los nuevos mayordomos.   

Sin duda, el momento más esperado por todos los fieles que se acercan hasta Pereña para celebrar esta fiesta, y como manda la tradición, comienza con el beso a la reliquia de la Virgen ‘chica’, instantes en los que los cofrades flanquean el altar del templo con sus dorados medallones colgados del cuello y las mujeres alzan la voz en cánticos a la Virgen. Es entonces cuando decenas de mujeres pasan por la sacristía para impregnar pañuelos, cadenas y fotografías de la magia que la reja guarda bajo los pies de Nuestra Señora, pasando tres veces sus objetos entre los desgastados y ya finos barrotes que hacen de custodia, un rito que se repite una y otra vez, año tras año, esperando el favor de la Virgen del Castillo

Tras finalizar los actos religiosos, y el convite ofrecido por los mayordomos, se empezaba a repartir las 360 raciones de paella adornadas con unos apetitosos gambones y mejillones de Galicia, momento en el que empezaron a asomar las nubes, y así, después de una buena mañana, la lluvia hizo acto de presencia por lo que cada cual buscaba el mejor sitio para resguardarse ya fuera bajo un paraguas o un toldo como los más previsores.