Viernes, 25 de mayo de 2018

Manada (3)

Después de dedicar dos textos a las palabras indignación y los jueces culpables, me toca hoy volver sobre “la manada”. Ya le dediqué un texto antes de la sentencia, cuando acababan de ocurrir los sucesos.

Yo voy a ser más prudente que el ministro y el grito popular de muchas personas. Este último lo comprendo, pero no voy a decir si son culpables o inocentes en sentido penal, ni a proponer la pena que merecen, si se les condena. Los jueces serán más justos, conforme al código penal, que yo.

Voy a hablar desde el punto de vista ético, más exigente, como se verá, y más necesario en todas las personas, inocentes o culpables, incluidas las que consideramos víctimas, término al que le dedicaré otro texto.

La conducta de los miembros de la manada es éticamente inaceptable, con consentimiento o sin él (aspecto central desde el punto de vista penal):

  1. Falta de ética de la salud: Su forma de divertirse y buscar mujeres para tener actividad sexual es en sí mismo un riesgo por la asociación de ocio-fiesta-alcohol. Habría que decirles “si bebes, no busques mujeres”. “Es un riesgo para ellas y para vosotros, perdéis vuestra dignidad”. La salud física y la salud sexual pueden estar amenazadas, la de la víctima y la vuestra…

 

  1. Falta de ética del consentimiento: la libertad y lucidez que requiere el consentimiento, está también amenazada. No es fácil entender como una manada de hombres cercanos a los 30 años aceptan o fuerzan a tener relaciones con una chica de 18 años, consienta ella o no consienta.

Por otra parte, el consentimiento no debe entenderse solo si no dijo no (el que calla otorga). Y el consentimiento no se da para lo que después se les ocurra hacer a una manada.  La mujer no pierde su libertad después de haber consentido, si fuera el caso, y puede decidir “ya basta”, “no acepto estas conductas”, en cualquier momento del acto sexual. La mujer no vende su libertad, aun consintiendo. En cualquier momento y para cualquier actividad sexual puede manifestar su rechazo, decir No, y debe ser respetada.

 

  1. La ética de la igualdad. La manada es un riesgo frente a una mujer. El grupo puede enardecer a las personas, presionarlas y apoyarlas, como ocurre en determinadas situaciones. La diferencia de edad es una asimetría de riesgo, aunque la víctima tenía ya la edad de consentimiento. El patrón sexual es más propio de una violación (“aquí te cojo, aquí te mato”), de hombres que demuestran poder y hostilidad hacia las mujeres, como el Don Juan de Zorrilla.

(d) La ética del placer compartido y la ética de los cuidados. El patrón sexual es de “brutalidad”, falta de empatía, desconsideración e indignidad.

El comportamiento de los chicos como una “manada” no parece propio en el campo de la sexualidad humana entrañando riesgos evidentes de dominio, uso de poder, banalización de la relación sexual, etc.

Incluso con consentimiento (y no quiero decir que en este caso lo hubiera), o con conductas previas atrevidas y aceptadas como un juego erótico (tampoco sé si las hubo) y con un montón de errores de la víctima (tampoco sé si los hubo) nunca debe justificarse la brutalidad. Los posibles errores, si los hubo, de la víctima no legitiman la conducta de la manada.

La conducta sexual no puede ser una exhibición de poder y agresividad, sino que debe tener en cuenta el placer y el bienestar del otro. Aún en relaciones ocasionales, estos principios éticos deben considerarse universales desde una ética basada en la libertad, la dignidad, la igualdad, el placer y bienestar compartido. Lo contrario hace un daño terrible a las víctimas, animaliza a los agresores (en una comparación que no se merecen los animales). Para ellos es una conducta autodestructiva, y además se pierden lo mejor, como les decimos a quienes vemos en terapia, un fracaso de terribles consecuencias.

Les dedico este consejo: “si bebes ten en cuenta que las relaciones sexuales son para gozar y amar, no para demostrar tu brutalidad. Hacer sufrir a otra persona y autodestruirte éticamente, socialmente y penalmente”.