Domingo, 27 de mayo de 2018
Las Arribes al día

Tormes y Duero, enclave de civilizaciones

VILLARINO DE LOS AIRES | En el Teso de San Cristóbal pueden observarse las huellas de culturas anteriores, además del cañón horadado por el ‘hijo de Almanzor’ antes de entregar sus aguas al rey de la meseta

La Peña del Pendón en el Teso de San Cristóbal

Villarino de los Aires es una de las puertas de entrada al Parque Natural Arribes del Duero, es el primer municipio salmantino que encontramos si nos introducimos desde Zamora o más concretamente tras visitar la Casa del Parque en Fermoselle. Enclavado en la horquilla que conforma la unión de los cañones de los ríos Tormes y Duero, su especial orografía lo convierten en uno de los lugares de especial interés para el avistamiento de aves singulares como el alimoche, el martín pescador, águila perdicera o cigüeña negra, además de mamíferos como nutrias, corzos o jabalíes; y en flora, durante los meses de abril y mayo muestra un pequeña florecilla de la familia de las orquídeas conocida bajo el nombre de ‘avispina’ por su similitud con una abeja extrayendo el polen.

Como buena parte de los municipios enclavados en el cañón del Duero, Villarino ofrece espectaculares panorámicas no solo sobre el gran río en sus miradores del Duero y de la Faya, sino también sobre el Tormes, aquí encajonado y que busca al rey de la meseta entre bancales y picones. Estas sobrecogedoras imágenes del ‘hijo de Almanzor’ pueden observarse desde varios puntos estratégicos con miradores naturales. Entre ellos se encuentran el Picón del Encuentro, desde el que se divisa el dique de la presa de Almendra que retiene sus aguas; y desde el Teso de San Cristóbal, santuario de culturas anteriores. En este lugar existen dos lugares de fácil acceso para observar la grandiosidad del cañón horadado por el río Tormes a lo largo de milenios, uno es el conocido como Balcón de Pilatos, y el otro la Peña del Pendón, roca granítica que se sitúa en la zona más alta de este gran promontorio desde el que se divisa el pueblo zamorano de Fermoselle y el portugués de Bemposta.

Junto a su paisaje, Villarino ha sumado en los últimos años varios recursos de interés como sus bodegas tradicionales excavadas bajo tierra y sustentadas con grandes arcos de piedra. Pero el último de estos nuevos reclamos ha sido la Ruta Auto-guiada que muestra la historia, construcciones y el paisaje en ocho puntos del municipio, y que son la clave para entender la cultura arribeña.

Teso de San Cristóbal

Pero sin duda, la joya de Villarino es el Teso de San Cristóbal, un lugar especial que permite volar a los soñadores y adentrarse en los misterios que desde siempre alumbraron a los que se asoman a cualquiera de sus salientes.

En este emblemático paraje de Villarino puede observarse el paso de civilizaciones anteriores, tumbas excavadas sobre la roca en las inmediaciones de su coqueta ermita. Pero es la zona de la Peña del Pendón la que despierta mayor curiosidad, pues a sus escaleras talladas sobre granito se suman las oquedades de la roca que hacen de escalinata para acceder a lo que se asimila a un trono de piedra. Pues bien, esta mole granítica de unas 55 toneladas de peso, es capaz de moverla un solo hombre solo que se lo proponga o sus brazos se lo permitan, de ahí que sobre su leyenda pese que en un pasado lejano sirvió para ajusticiar a reos e incluso para perpetrar sacrificios.