Viernes, 25 de mayo de 2018

Salamanca, sueño y melancolía

Como hay una ciudad de luces y sombras, de encuentros y desencuentros, de mañanas  y tardes, del día y de la noche y una ciudad del silencio, hay una ciudad de la melancolía.

 

Como hay una ciudad de luces y sombras, de encuentros y desencuentros, de mañanas  y tardes, del día y de la noche y una ciudad del silencio, hay una ciudad de la melancolía.

Ciudad, sobre todas la ciudades posibles, que permanecerá en nosotros, sobre nuestra memoria, que nos habla del nunca y del siempre, soñada y amada, como el deseo eterno de permanecer en los recuerdos de cada jardín y cada plaza, en el amanecer  y el atardecer del día y de la noche.

Ciudad de jardines con nombres escritos sobre bancos de piedras  y esperas recordadas de amantes que vuelven con su nostalgia a solas a los pasos del  jardín en que se amaron y hoy se desdibujan en la presencia imborrable de los días perdidos

Toda la ciudad  destila amorosos recuerdos, porque la propia ciudad es amante y amada cuando el sol de la tarde dibuja un perfil soñado más allá de los días, de las distancias en los rincones que se hacen memoria y nunca olvido.

Y a esta ciudad de la melancolía se regresa cuando la tarde se hace refugio de soledad en un espacio infinito de sueños, entre los naufragios olvidados en los mares recordados del tiempo y de la lluvia.

 

Tú me conduces, ciudad, entre tus luces

hasta el velado trazo de mi sueño

yo soy tu sombra

mi bella ciudad, cuando despiertas

cuando arrancas en los fragmentos de luces

la  mirada y la luz

sobre las calles vacías del volver a empezar

de cada día,

sobre la isla solitaria en la que el amanecer

es cúpula y encanto.

 

 

Eres la sinfonía perfecta de mis pasos,

notas de la cadencia armónica del día,

perfecto acontecer de días hermosos

que conviven conmigo

en los paisajes amados que te tengo.

 

Te amo ciudad y moriré amándote

para vivir en tus piedras aprendidas

cada atardecer, abrazado a la tierra,

y sorprendido

con la noche más oscura.

 

Para que no me olvides

grabo sobre tus piedras cada día una historia

a base de fuego y de miradas

y no quiero morir porque no mueres

sino permanecer en tus brazos para siempre.

 

 

Cuando sea nota perdida en la memoria

guarda en ese recuerdo de tus calles

mi caminar de luz en los mundos ocultos

de los sueños.