Viernes, 20 de julio de 2018

¿El "videoarbitraje" es el futuro del fútbol?

El día 6 de mayo se celebró en el Nou Camp un excelente partido, entre Barcelona y Real Madrid. Empataron a dos tantos y sucedieron numerosas acciones brillantes del juego, y menos acertadas en cuanto que el árbitro decidió (mal) en numerosas ocasiones, siendo decisivo en el resultado final. Hasta el punto de que las crónicas se centraron más en la calificación del árbitro que del espectacular desempeño de los futbolistas y entrenadores. En cualquier caso, las dudas parten del “forofismo” y afinidades cada cual con su equipo. Salvando las distancias, sería como en el mundo de los toros cuando dictaminan la actuación del torero: “Hubo división de opiniones. Unos se acordaron de su padre y otros de su madre”.

Ante estas discrepancias, surgen las noticias poco informadas de que el VAR (Videoarbitraje) podría “solucionar todos los males del fútbol”. En realidad, se están prometiendo demasiadas cosas a conseguir con la nueva tecnología cuando “rearbitrar” los partidos no sería el objetivo. La gente encargada de su implantación es más prudente, más responsable, anticipan que “el error forma parte de este deporte, que el “Video Assistant Referee” no viene para arreglarlo todo. Nos cargaríamos el fútbol”. Sin duda, aún falta mucha pedagogía, de ahí que se nos ilustre, “¿el vídeo hubiera ofrecido otra respuesta al penalti cometido sobre Lucas Vázquez en los cuartos de final de la “Champions” frente a la Juventus? La respuesta es sencilla. No“. 

“El VAR sólo interviene si detecta un error claro y escandaloso del árbitro. No deber haber el mínimo debate en la acción. El “videoarbitraje” sólo dice la suya si la acción es incontestable para el 100% o, si acaso, el 99% de la población. Y, al final, quien tiene la última decisión es el colegiado principal”, nos informa Velasco Carballo. De pronto se caen todas las mitologías que se han inventado a este respecto como que nunca el VAR “rearbitrará” el partido, no decide nada, sólo avisa al árbitro quien tomará las últimas decisiones. Tampoco el árbitro pasará a revisar imágenes en el monitor, ni en un penalti, ni en ninguna duda… El árbitro no estará obligado a “obedecer” al VAR”. A mí me tranquiliza que sólo sirva para acciones muy concretas: “El VAR solo debería intervenir dos o tres veces por jornada en la Liga española”. De hecho, las previsiones son que sólo actúa en cuatro casos: 1.- Goles (revisando si hubo fuera de juego, falta del equipo atacante previa al gol o si el balón entró); 2.- Tarjetas rojas directas (nunca amarillas); 3. Penaltis (Si existió la falta, si es dentro o fuera del área, si viene de fuera de juego o de una posible falta del atacante, o si la pelota salió previamente); y 4.- Confusión de identidad (Si el árbitro amonesta a un jugador equivocado). Y nada más… Por eso, digo, la pedagogía del VAR debiera propagarse más ampliamente porque estoy de acuerdo con Carballo cuando asegura: “Si esperamos cosas del VAR que no nos puede dar, acabará por frustrarnos”. Y es una de mis dudas permanentes, si el fútbol se llenase de interrupciones habríamos acabado con él. Por eso me afilio a la idea fundamental: “No romper la esencia del fútbol, la fluidez”.

 

Salamanca, 7 de mayo de 2018.