Viernes, 25 de mayo de 2018

Recuerdos en el "Día de la madre"

El sendero es largo—dieciséis años— camino despacio, besada por la luz cadenciosa de un cielo gris ¡Como recuerdo “mi casa”! tu casa mamá. Entre aquellas paredes— según  marcara la moda—a veces pintadas, otras empapeladas, transcurrió mi infancia y adolescencia. Me  sigue impresionando recordar con tanta nitidez, la poca importancia que dabas a los baúles traídos por los  abuelos a su regreso de Cuba, yo los miraba y acariciaba los forros de seda, tocaba despacito  las mujeres inmóviles, pétreas, erguidas, vestidas con ropa ceñida, cubiertas sus cabezas por grandes sombreros de plumas, era como si esperaran al cochero que las llevara a un baile, una fiesta, el teatro… entonces empujada por mi deseo, narrabas historias que escuchaste a la abuela—tu madre—relatos que no te gustaba recordar, no entendía el motivo, pasaron años, y poco a poco encontré el significado a no desear hablar del regreso de tus padres  de la linda  Habana a la aldea. Pasamos muchos ratos de tarde entre sillas cubiertas por cojines, en el centro de la sala, estaba la mesa camilla, cubierta con faldillas floreadas, a un lado el aparador, muestra orgulloso  la cristalería, la vajillas fina, que el espejo del fondo agrandaba ¡Que hermoso me parecía aquel efecto!, solo  se utilizaba en días especiales, fiestas, santos y aniversarios, los suelos de madera encerada ¡Cómo crujían! Pude escuchar miles de sonidos, aterrorizadores unos, tranquilizantes otros ¡Y vuestro dormitorio!, si me dejabas echar la siesta agarrada a tu brazo… era una fiesta. Nunca sabré decirte el motivo porque la colcha de seda me inquietaba, ¿Eran las tonalidades oscuras? No sé, ¿quizá aquellos pájaros extraños a los que una luna redonda parecía dar vida en paisajes tristes?, no,¡ no mamá!, te decía que no me gustaba, pero era tu preferida.

 La salita con TV  y encima del televisor, un pañito de croché, lugar para el descanso de una figurita, creo recordar que algún tiempo también fue plaza blanca de un negro toro, las vecinas acudían a ver los programas favoritos. Vuestras conversaciones poco me interesaban, por lo cual  me refugiaba en la buhardilla, podía ser…lo que la imaginación quería en cada momento, al cansarme de jugar y leer, bajaba a mí cuarto,  allí esperaban sobre la colcha de cretona mis muñecas de trapo, se mantiene igual mamá, ¡igualito!, algunas quedaron en el camino, ¡aún sigue siendo “mi cama!” es mi cuarto ¡Cuantos sueños!¡Cuanta vida!.

Mientras prosigo la senda, muerdo la fruta que tiene sabor amargo, procuro  comerla sin miedo, alegrarme, y por encima de todo vivir.

 Abro la puerta y las palabras resuenan armoniosas, dulces, con posos, aromas y sabores de antaño perdido en el tiempo. El alma se estremece y quiere volver a ser niña, marchar, volar contigo.

¡Por las noches me sigue faltando darte el beso, sueño que me despiertas bajo el hechizo de lunas desconocidas.

Y entonces te digo ¡Mamá no sabes que ya no estás aquí, que para ti es verano siempre, aunque yo tiemble, que eres agosto y mayo florecido de blancas campanillas?

Y escucho una voz metalica  que dice

Entonces hija mía si estoy muerta con quien hablas.

¡Contigo madre! ¡Contigo!, ¡siempre contigo!, hoy DIA DE LA MADRE, otro años más, recibe el más lindo y grande de los besos

 

Tu hija

 

Isaura