Viernes, 25 de mayo de 2018

Ecos de 6 décadas

Que no pidan perdón, no lo queremos. Queremos que todos los casos sean juzgados, que su contador no quede en blanco como han reclamado en un manifiesto intelectuales y víctimas y que se esclarezcan los más de 300 crímenes aún sin resolver. 
Son días para la indignación. Vivimos en la calle un clamor social fruto de una sociedad dividida, dañada, asqueada en este caso con el poder judicial, con la clase política, con la legislatura vigente y con el maltrato que una vez más tenemos que padecer las mujeres. Son tiempos convulsos, de rabia e impotencia, una ira justificada por una ‘manada’ de salvajes que nos han puesto a casi todos de acuerdo, aun sin sentencia firme (más que nos pese).
No es que eso no sea esta oleada de manifestaciones en la calle una lección de moralidad y sentido común, es que me preocupa que se desvíe un asunto de extrema gravedad como es otra humillación más para la democracia española por parte de la banda terrorista que no ha parado durante 60 años de teñir de sangre nuestra historia. 
Ya han anunciado que se han disuelto “completamente todas sus estructuras” y este fin de semana volverán a vapulearnos internacionalmente con un discurso desde Bayona que servirá para sellar su final definitivo. 
La pantomima, que encima contará con el prófugo Josu Ternera como líder del show mediante vídeo  (lo que lo hace aún más repugnante), servirá para que ETA quiera quitarse responsabilidades y seguir blanqueando su pasado amparándose de nuevo en un conflicto que no existe.  
Se empeñan en seguir apostando por este paripé como si fuera su decisión, como si fuera el final de un pacto político orquestado por ellos ocultando que han sido derrotados y desarticulados, a pesar de que cierta parte de la población vasca haya permitido que está gentuza esté dentro de las instituciones. 
Eso sí que me duele, y me indigna, y me hierve por dentro. Ver que vuelven a machacar nuestras conciencias catalogando víctimas de primera y de segunda. Según su último comunicado, sólo unas merecen el perdón, “aquellas que no estuvieron directamente relacionadas con el conflicto vasco”. Y afirman que son conscientes de que “en este largo proceso de lucha armada se ha provocado mucho dolor, incluídos muchos daños que no tienen solución”.
No señores, es mucho más que dolor, son asesinatos ejecutados por mentes crueles. Son más de 800 muertos, más de 2.500 heridos, más de 80 secuestrados, cientos de exiliados y más de 10.000 extorsionados a los que amargó la rutina. A ellos y a sus familias, a generaciones enteras entre las que me incluyo, educadas bajo el miedo, miedo a escuchar que ETA había vuelto a actuar. 
Que no pidan perdón, no lo queremos. Queremos que todos los casos sean juzgados, que su contador no quede en blanco como han reclamado en un manifiesto intelectuales y víctimas y que se esclarezcan los más de 300 crímenes aún sin resolver. 
El eco de seis décadas de asesinatos y bombas sigue retumbando con fuerza. Sigue doliendo. Antes de que la banda muera, definitivamente tiene que pagar por tanto daño. Y eso sí que merece una salida en masa a la calle para reclamar que sea así.   
Como país democrático, no debemos consentir la doble moral de algunos, no debemos consentir que tipos como Arnaldo Otegui, por citar alguno, nos dé lecciones de moralidad y el pasado 26 de abril, aprovechando esa indignación en la calle que antes mencionaba, se permitía escribir en sus redes sociales que “la sociedad vasca no puede permitir una sentencia así” y que “la justicia que no protege a las mujeres no es justicia”.
¡Venga ya! Otegui y sus secuaces se olvidan que durante su militancia, ETA asesinó a más de 70 mujeres. De hecho, la primera víctima de ETA fue una niña, Begoña Urroz Ibarrola, de 22 meses. Fue alcanzada por una bomba incendiaria colocada en la estación de Amara de San Sebastián el 27 de junio de 1960. Falleció en el hospital al día siguiente porque sus piernas, sus brazos y su cara no pudieron soportar las graves quemaduras. 
Estos que dan lecciones jamás han ayudado a esclarecer los casos y se siguen mofando de todo un país cada vez que ven la oportunidad. 
Que no se nos olvide que todos estos criminales no son mejores que otros, que si alguien no ha respetado a las mujeres, ni a los hombres, ni a los niños, a lo largo de toda nuestra historia, han sido los miembros de esta banda terrorista. Me sumo al manifiesto que está en la calle buscando el apoyo de todos:                                            #FinDeEtaSinImpunidad.