Viernes, 25 de mayo de 2018

El arte de imponer y los políticos de reality...

Estoy en contra de imponer ideas, lo que está bien y lo que está mal, contra el imponer de cualquier pelaje, pero de lo que estoy más manifiestamente en contra es del arte de “imponer”. Este verbo se está repitiendo mucho desde hace algunas legislaturas, y no digo que haya cosas con las que no esté de acuerdo pero, entre prohibiciones y decretazos por parte de los sucesivos gobiernos, no deja de ser cuando menos, sorprendente e incomprensible el pensamiento único, hacia él nos encaminamos. Cada vez se entiende mejor a los elefantes que al hacerse adultos abandonan su sociedad o ¿Será que las lecturas de juventud se están convirtiendo en realidad?... 1984, El señor de las moscas, Rebelión en la granja,... Definitivamente debimos leer otra cosa.

“Veto”, qué cruel palabra tan repetida. Estamos en la sociedad del “Gran Hermano”, de los reality show.  Estás Vetaóoo!!... Las tendencias o lo supuestamente correcto no deberían legislar sobre las opciones de libertad de la gente, pero se meten en todos los rincones de la vida cotidiana para estampar su marca identitaria. Goebbels hizo lo mismo para desarrollar la raza aria en Alemania. Esta sociedad de cartón piedra o de reality lo acabará pagando al final del camino que está construyendo.

Los que creímos en un futuro de país, con la E mayúscula de España, la de todos, estamos viendo como los políticos de reality, de show o de cartón, como queramos llamarlos, de ahora están pervirtiendo nuestro sueño. Mientras tanto las empresas cierran, el paro aumenta y el país no da más de sí. El que vende lo poco que tiene lo acaba perdiendo. ¿Qué país es en el que hay que poner doble puerta si vendes un piso porque tiene más derechos un okupa? ¿Qué ha sido de aquellos ciudadanos de a macha martillo y vergüenza, trabajadores incansables? ¿Dónde están? De seguir existiendo deben estar soportando lo peor de un estado totalitario escondidos en ignotas masías, caseríos, alquerías, o residencias de ancianos... Ni voz, ni voto, ni libertad, ni trabajo. Son los nuevos exiliados interiores de hoy, como antes lo fueron los obligados por el terrorismo. Como decimos en Castilla: “Donde no hay educación no hace falta que escarbes”. Otros ya campan por estos lares de todos los días sin haber trabajado.

Jung, el discípulo de Freud, comparaba a la mente humana con un edificio de 20 pisos, en el cual la razón sólo ocupaba los dos últimos. Quizás sólo se refería a Occidente, al mundo que él conocía, pero aquí en España y en muchos sitios esos pisos parecen vacíos, a juzgar por las reacciones salvajes que nuestros gobernantes de reality han llevado a cabo contra la clase trabajadora, los pensionistas y en particular contra los funcionarios y en particular de la administración estatal, con el beneplácito de la banca, que sigue obteniendo beneficios a pesar de la crisis latente, y menos mal. El cardenal Richelieu, el de la razón de Estado, comprendió más tarde que, en un mundo cambiante, el poder comercial, industrial y mercantil era más importante. Llevar algo de sentido común a tanta altura parece imposible mientras no sepamos todos claramente la verdad y a quién beneficia. Hoy por hoy, con unos trending topics, tendencias, o verdades impuestas tan cambiantes en nuestra sociedad a todos los niveles, parece tarea imposible. Se nos gobierna desde la más absoluta desinformación, y al final parecemos un rebaño de ovejas que van a toque de silbido.