Martes, 17 de julio de 2018

SOS Región Leonesa

Esta semana el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha sacado a la luz nuevos datos demográficos, que reflejan que en el último año la provincia de Salamanca perdió 2.401 habitantes, un dato que vuelve a ser demoledor un año más para nuestra provincia.

En este sentido, el ránking de la despoblación en el último año en la comunidad autónoma, lo encabezan un año más, como viene siendo habitual, las provincias de León y Zamora, que perdieron 4.997 y 2.860 habitantes respectivamente, lo que deriva en que, en su conjunto, entre las tres provincias de la Región Leonesa hayan perdido la friolera de 10.258 habitantes en 2017, lo que supone cerca del 60% del total de pérdida poblacional de la autonomía del último año.

Por otro lado, esta semana el INE también ha publicado los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2018, no saliendo tampoco demasiado bien paradas las tres provincias leonesas, que han visto crecer en 5.400 el número de desempleados respecto al último trimestre del año pasado, habiendo sido este aumento del desempleo de 2.400 personas en la provincia de Salamanca.

Y todo ello, en la misma semana en que parte de nuestros políticos, con Mañueco a la cabeza, han ido a Villalar de los Comuneros (Valladolid) a celebrar la fiesta de la comunidad autónoma de Castilla y León, ante lo cual me pregunto ¿Hay realmente algo que celebrar por parte de los salmantinos? Es más ¿Qué pintamos los salmantinos en una comunidad autónoma en la que los peores datos de evolución socioeconómica desde su existencia los estamos teniendo, año sí, año también, las provincias del antiguo Reino de León? ¿No tendría más sentido recuperar la Región Leonesa que aparecía en todos los mapas hasta hace 35 años e intentar gestionar nuestra propia autonomía, como lo hacen por ejemplo Extremadura o Aragón?

Y es que, la deriva que muestran los indicadores socioeconómicos para la Región Leonesa es sencillamente terrible, y una muestra palmaria de que, al antiguo Reino de León, la comunidad autónoma de Castilla y León simplemente no le está funcionando nada bien, o dicho de una manera menos suave, le perjudica claramente.

Para analizar este hecho, cabría hablar por un lado de los datos demográficos. Así, si al crearse la autonomía de Castilla y León, en 1983, el INE recogía para la Región Leonesa una población de 1.118.188 habitantes, 35 años después ésta se ha reducido hasta los 969.065 habitantes. Este hecho supone una pérdida de 149.123 habitantes en apenas tres décadas y media, o lo que es lo mismo, un descenso de población del 13% (el peor dato regional de toda Europa occidental). Yendo más al detalle del caso salmantino, hemos pasado de 365.512 habitantes en 1983, a 331.202 en 2018, es decir, 34.310 habitantes menos.

Llama la atención, no obstante, el desigual reparto de la despoblación entre las dos regiones que conforman la comunidad autónoma. Así, mientras en el periodo de existencia de Castilla y León las tres provincias leonesas han sumado una pérdida de 149.123 habitantes, las seis provincias castellanas han tenido una reducción mucho menor de su población, que descendió en 33.592 habitantes en el mismo periodo.

Estos datos suponen que, desde que existe la autonomía de Castilla y León, el 82% de la pérdida de habitantes de la autonomía se ha concentrado en la Región Leonesa, de forma y manera que el conjunto conformado por Salamanca, Zamora y León ha perdido desde 1983 más del 13% de su población, mientras que el conjunto de las seis provincias castellanas de la autonomía perdió el 2%.

Esta despoblación ha tenido su consecuencia, evidentemente, en un desplome rotundo del número de jóvenes existentes en el ámbito regional leonés, dado que quienes emigran generalmente son jóvenes que están en la media de edad en que se suelen tener hijos. De este modo, si en 1983 la tasa de juventud (es decir, menores de 15 años sobre el total de la población) era del 20'2%, tres décadas y media después ésta se ha reducido a la mitad, siendo en 2017 la tasa de juventud del 10'9% en el País Leonés, dos puntos por debajo de la tasa que posee la parte castellana de la autonomía.

Asimismo, la tasa de vejez (es decir, mayores de 65 años sobre el total de la población) se ha visto notablemente influenciada por la despoblación. En este sentido, si en 1983 el Reino de León poseía una tasa de vejez del 15'5%, tres décadas y media después ésta ha aumentado hasta el 26'8%, siendo la peor tasa de vejez de una región en toda Europa, y situándose casi cuatro puntos por encima de la tasa que posee la parte castellana de la autonomía.

A este respecto, si al iniciarse la autonomía la diferencia en la tasa de vejez entre León y Castilla era de 1'83 puntos porcentuales, en 2017 ésta ya se había duplicado, abriéndose una brecha de 3'64 puntos ya entre la tasa leonesa y la castellana.

De hecho, si al crearse la autonomía de Castilla y León, las provincias que copaban el podio del envejecimiento en la comunidad autónoma eran Soria (18'7%), Zamora (18'1%) y Ávila (16'4%), actualmente, tres décadas y media más tarde, los peores datos en este ámbito son para las tres provincias leonesas, encabezando la tasa de vejez de la autonomía Zamora (29'9%), seguida de León (26'2%) y Salamanca (25'9%).

Como consecuencia, la evolución del número de nacimientos también se ha visto afectada notablemente, registrándose enormes diferencias en la evolución de este indicador entre las dos regiones de la autonomía. Así, el número de nacimientos se ha desplomado entre 1991 y 2016 en un 31% en la Región Leonesa, mientras en Castilla el descenso ha sido del 10%, tres veces menor.

Asimismo, también se ha visto afectada la tasa de actividad, habiendo pasado a tener la Región Leonesa la tasa de actividad más baja de toda España, casi diez puntos porcentuales por debajo de los datos castellanos.

Del mismo modo, también se pueden observar consecuencias sobre la renta. Así, si en 1995 la renta per cápita de la parte castellana de la autonomía era 2.297 €uros superior a la del Reino de León, en 2008 esta brecha había aumentado hasta los 4.090 €uros de diferencia entre leoneses y castellanos, siendo Zamora la provincia con peores datos de toda la comunidad, seguida de Salamanca, Ávila y León.

A pesar de ello, la Región Leonesa se ha visto privada de la llegada de ciertos fondos europeos (de los que por sus condicionantes podría haber gozado), debido a la mayor renta de las provincias castellanas. Así, para el periodo de ayudas 2007-2013, el rechazo del PP y PSOE en las Cortes a la petición de UPL de convertir en NUTS-2 a la Región Leonesa (una entidad a efectos estadísticos de cara al reparto de fondos de la UE), conllevó la pérdida de más de 1.000 millones de euros que se hubiesen destinado íntegramente a León, Zamora y Salamanca.

En este sentido, la Región Leonesa se situaba por sus índices dentro de las regiones Objetivo 1, consideradas prioritarias por estimarse subdesarrolladas (dentro de las “phasing out”), si bien al hacer la media con la parte castellana de la autonomía el resultado era el de ubicarse el conjunto de la comunidad autónoma entre los territorios no prioritarios, considerados desarrollados (dentro de las “phasing in”) por situarse su nivel de renta por encima de la media de la UE. De este modo, el resultado fue el de recibir una cantidad mucho menor de fondos FEDER, pudiendo repartirse el dinero recibido entre las nueve provincias de la comunidad, a merced de la Junta, y no solo entre las provincias leonesas (que hubiese sido el caso de ser la Región Leonesa NUTS-2).

Posteriormente, para el periodo de ayudas 2014-2020, nuevamente se quedó sin ver la luz una NUTS-2 de la Región Leonesa, que con la reorganización de las ayudas hecha por la UE hubiese podido recibir fondos al situarse dentro de las “Regiones de transición”. Sin embargo, al compartir NUTS-2 y autonomía con Castilla, las provincias leonesas se quedaron sin esos fondos, al situarse la media autonómica, gracias a la mayor renta castellana, dentro de las NUTS-2 consideradas “Más desarrolladas”, sin derecho por tanto a recibir fondos de cohesión.

En otro orden de cosas, llama la atención, fijándonos en las dos regiones de la autonomía, que precisamente la menos desarrollada, esto es, el antiguo Reino de León, posea 4.000 funcionarios autonómicos menos que los que le corresponderían por población y que, actualmente, están pagando con sus impuestos los ciudadanos de Salamanca, Zamora y León para que produzcan y consuman en la parte castellana de la autonomía (junto a aquellos otros que sí corresponderían por población a los castellanos).

Asimismo, no deja uno de plantearse cómo puede estar económicamente tan paralizada una tierra tan rica como la conformada por Salamanca, Zamora y León, que exporta el 75% de la energía que produce, que posee el 85% de la capacidad de embalsado de agua de toda la autonomía (aunque luego, por ejemplo, el agua del embalse de Riaño se desvíe por el canal del Cea-Carrión a Palencia y Valladolid), o que tiene en torno al 90% de la riqueza mineral de la comunidad autónoma. Y eso sin tener en cuenta los recursos paisajísticos, naturales o monumentales que posee el viejo Reino de León, que llevan a hacerse una pregunta: ¿Hemos asumido que tenemos que desaparecer? ¿Realmente somos incapaces de dar un paso adelante por nuestra tierra?

Y es que los datos socioeconómicos están mostrando año tras año la deriva autodestructiva que está llevando la Región Leonesa dentro de la autonomía de Castilla y León, sin que ninguno de los líderes políticos provinciales, autonómicos o nacionales se atrevan a dar el paso de reconocer que fue un error introducirnos en una autonomía conjunta con Castilla (y por unas nunca bien explicadas “razones de Estado”), quizá ayudados por una población aquejada del síndrome de Estocolmo, que parece considerarse incapaz de plantarse y reclamar lo que por justicia le pertenece a su tierra.

Mientras tanto, a la par que nuestros dirigentes políticos calientan sus asientos ganados en base a bailar el agua a los jefes de Valladolid o Madrid, las tres provincias leonesas nos seguimos desangrando, sin capacidad de gestionar nuestros recursos, sin una autonomía de la que gozan otras regiones históricas de España como Aragón, Galicia, Asturias o Extremadura. ¿Acaso no merece el Reino de León, que ocupa el segundo cuartel del escudo de España, ser comunidad autónoma?