Viernes, 25 de mayo de 2018

Los refugiados en Lesbos: un infierno en la isla del amor

Un total de 24970 refugiados e inmigrantes pasaron a las islas del norte del mar Egeo en 2017. Más de la mitad de ellos lo hicieron a Lesbos, 12506 frente a 12464 a las otras dos islas, es decir, 7103 a Chios y 5361 a Samos.

Ilektra Sevastopoulou

Activista por los Derechos Humanos

Hoy en día, en la isla de Lesbos, en la ciudad de Mytilene, con una población de 30.000 habitantes, viven oficialmente más de 8.000 refugiados e inmigrantes. La situación sigue estando fuera de control, ya que cientos de personas, entre ellas muchos niños, no están equipados para el invierno, expuestos a lluvias fuertes y temperaturas bajas.

Más específicamente, en la región de Moria de Lesbos, en el Centro de Reclutamiento e Identificación de Refugiados e Inmigrantes, viven casi 6000 personas, mientras la infraestructura del campamento puede aceptar sólo 2500. Justo al principio del año 2018, las alcantarillas de Moria estaban desbordadas debido a la sobrepoblación. Por lo tanto, los funcionarios del Centro se veían obligados a crear puentes de madera sobre los lechos de los ríos con aguas residuales para poder llegar a su oficina. Muchas de las instalaciones, contenedores utilizados para acomodar a los solicitantes de asilo, y también las oficinas de infraestructura y servicio, a menudo han sido destruidas debido a varios enfrentamientos entre los refugiados.

Al mismo tiempo, va desarrollándose el plan de descongestión de la isla, que ya ha empezado desde diciembre 2017 y continuará durante el 2018, porque es imprescindible transferir a unos 2000 refugiados a la región de Ática, y de allí a otras partes del país; más en detalle, 180 personas se mudaron ya la primera semana de 2018 de Lesbos a las regiones de Kavala y Pireo; todas estas personas forman parte de grupos vulnerables (familias, mujeres solteras, discapacitados, etc.). El plan general incluye su establecimiento en centros especiales, hasta que se haya examinado la solicitud de asilo que presentaron.

Desgraciadamente, en toda esta situación es obvio que el gobierno simplemente "empuja el tiempo", esperando que el invierno detenga el flujo de inmigrantes desde Turquía, antes de que ocurra la catástrofe, poniendo en peligro la vida de los refugiados, la cohesión social en las islas y la credibilidad del país, que ha recibido un alto nivel de financiación para la gestión de refugiados migratorios de la Unión Europea.

El alcalde de la isla Spiros Galinos acusa al gobierno de permitir que Lesbos se transforme en una gran prisión de concentración de refugiados e inmigrantes. La comunidad local ha enviado un ultimátum a Atenas, donde se expresa claramente "o tomáis medidas inmediatas para eliminar la "contaminación" de la isla u os arriesgaréis a la posibilidad de manifestaciones masivas por parte de un pueblo cada vez más enojado". Declara su absoluto desacuerdo con las políticas que convierten la isla en un campo de concentración sin ningún rastro de dignidad humana.

Frente de esta situación, muchas ONG y activistas por el mundo -entre ellos Amnistía Internacional- expresan su gran decepción sobre el abuso de los derechos humanos en la isla griega. Definitivamente, en la región de Moria hubo periodos de desprecio de los derechos humanos. Para colmo de males, los voluntarios, funcionarios de las islas y activistas de derechos humanos se encuentran con un hallazgo molesto: las malas condiciones en Lesbos no son un accidente, sino el resultado de una estrategia europea deliberada para alejar a otros aspirantes o inmigrantes.

Es verdad que desde la aplicación del acuerdo entre la UE y Turquía, la isla de Lesbos se ha convertido en lugar de confinamiento indefinido. Miles de hombres, mujeres y niños y niñas están atrapados en condiciones deplorables y precarias, y a muchos se les niega el acceso a procedimientos adecuados de concesión de asilo. Algunas de las personas solicitantes de asilo que llegaron a Lesbos en los primeros días de la aplicación del acuerdo UE-Turquía todavía están atrapadas ahí.

Sin embargo, a pesar de las pésimas condiciones de los refugiados y las violaciones de los derechos humanos, todavía se mantiene una esperanza de dignidad, que no tiene nada que ver con los que insisten en separarles del mundo, en vez de echarles una mano para alejarse de estas torturas. Estas personas, aunque no les quede nada, siguen luchando por sus aspiraciones, soñando con un futuro donde se aseguren sus libertades y sus derechos fundamentales. Lesbos, la isla del amor que soñara la gran Safo, convertida muchos siglos después en un infierno por una Europa que se cree en la cima de la civilización y de la sensibilidad.