Viernes, 25 de mayo de 2018

Las ciudades y sus retos

     Me interesa mucho el urbanismo. Creo que en el "yo soy yo y mis circunstancias" orteguiano una de las circunstancias más determinantes del bienestar o el malestar individual y colectivo es el entorno físico en que nos encontramos. Reproduzco a continuación algunos párrafos de "Los retos de la ciudad en el siglo XXI", con el que gané el XIII Premio de Ensayo en Ciencias Sociales convocado por la Asociación Catellano-Manchega de Sociología.

   Con el comienzo del siglo veintiuno, la población urbana superaba en el mundo a la población rural. La ciudad constituye para unos el fundamento del desarrollo social y, para otros un detonante del deterioro de la convivencia. Defensores y detractores del asfalto y los rascacielos están de acuerdo en que las ciudades grandes han rebasado con creces la medida del hombre. Ello no obsta para que las teorías más recientes de arquitectos y urbanistas, tanto del ámbito Occidental como de países en proceso de desarrollo, propongan un crecimiento hacia lo alto como la fórmula más conveniente para albergar a una población de cientos de millones de personas del planeta que cada año trasladan su residencia del ámbito rural, montañés o semidesértico a las grandes urbes, que se enfrentan al reto de superar el hacinamiento creciente, la contaminación atmosférica y acústica, la acumulación de basura y los conflictos de convivencia.     

   Bajo los auspicios del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, ONU-Habitat, medio centenar de representantes de gobiernos nacionales y regionales, organizaciones internacionales e instituciones académicas, se reunieron a mediados de marzo de 2014 en Madrid para compartir experiencias y proponer nuevos enfoques sobre Políticas Urbanas. La principal conclusión del encuentro fue que conviene partir de políticas urbanas nacionales, o lo que es lo mismo, no dejarse seducir por modelos de supuesto valor universal. ONU-Habitat promueve esa fórmula urbanística "en un marco de coordinación global para hacer frente a los retos urbanos y promover el desarrollo urbano sostenible. Dirigido a orientar el proceso de urbanización en función de ciudades más compactas, más integradas, más conectadas, socialmente inclusivas y resilientes al clima, las políticas urbanas nacionales buscan fortalecer el vínculo entre la urbanización, el desarrollo socio-económico y la sostenibilidad ambiental". En cualquier caso, las ciudades todavía tienen por delante retos tan grandes o mayores que los que ya se han superado: la suciedad y la acumulación de basuras, la contaminación del aire, la falta de higiene, el hacinamiento y la miseria, la caótica distribución espacial, el ruido, las limitaciones de accesibilidad a edificios y vehículos, la insuficiencia de transportes públicos… Es responsabilidad de las instituciones públicas y las organizaciones vecinales estimular sin prejuicios ideológicos la convivencia y la integración de una amalgama cada día más variada de emigrantes. El reto más difícil y de mayor trascendencia está en la evitación de guetos territoriales. Hacerlo desde el aliciente de la calidad de vida y el futuro de las nuevas generaciones, pero también aplicando sin paños calientes las leyes que garantizan a unos y otros la libertad de expresión y el derecho a vivir tranquilos. Por su repercusión directa en la vida cotidiana de las personas, la disponibilidad de viviendas suficientes y sus condiciones de habitabilidad deberían ocupar la atención prioritaria de los profesionales y las instituciones implicadas en cualquier fase de los procesos urbanísticos. Le Corbusier propugnaba fórmulas de construcción simples, de valor universal y adaptadas al desarrollo vertiginoso que comenzaba a experimentar el siglo veinte. En un artículo escrito al alimón en 1929 con Pierre Jeanneret, afirma que "La historia de la arquitectura (el pasado entre nosotros o en ocasiones el presente bajo otros climas) nos demostraría que existen o han existido métodos de construir la casa infinitamente más flexibles, más profunda y ricamente arquitectónicos que los que nos imponen las tradiciones actuales (la casa lacustre, la casa gótica de madera, el chalé suizo blockhaus, la isba rusa, la paillote indochina, el pabellón de té japonés, etc.". Recurriendo a la metáfora del diagnóstico médico para conocer el estado de salud de las ciudades, procedamos en la auscultación cuidadosamente; es decir, escuchemos los mensajes que brotan permanentemente de la vida urbana. Una de las incontables paradojas de nuestra cultura occidental ha sido la escasa atención que ha prestado a los valores comunicativos de la arquitectura y el urbanismo. Porque las ciudades hablan, manifiestan aspectos fundamentales de la Historia y expresan mejor que el más sesudo de los tratados teóricos el modo en que se han desarrollado en sus recintos los hábitos, las necesidades, las modas y los gustos, en definitiva la vida pública de cada época.