Viernes, 20 de julio de 2018

Necesitamos más "fair play" en el fútbol

Marius Ebbers, delantero alemán

Cuentan que Marius Ebbers, jugador de un equipo alemán de Segunda división, pidió que anularan un tanto conseguido en su función de delantero. En realidad, el gol lo había marcado con la mano. Cuestión que, en su día, Maradona lo consiguió en los mundiales contra los ingleses y, por supuesto, aquella injusticia se consumó porque el árbitro ni se enteró además de que aquella acción se bautizara como “El gol de dios”.

Volviendo al veterano delantero alemán del St. Pauli, aquel pidió al árbitro que anulara su gol conseguido frente al Unión Berlín porque no lo marcó legalmente.  El resultado era de empate en ese momento y, afortunadamente, el St. Pauli se llevó el partido cuando otro jugador marcó en el descuento.

Son muchos los ejemplos que van surgiendo a lo largo de una temporada, eso sí, suelen ocurrir estos hechos en el fútbol amateur. Otro ejemplo, en un enfrentamiento del US Termoli contra el Torres, copa de Italia de aficionados, el árbitro pitó una pena máxima a favor de los locales cuando perdían por 0-1.  En el minuto 90, el delantero Vittorio Esposito del Termoli regateó en el área y se fue al suelo. Penalti. Hasta el propio interesado protestó la decisión a su favor, pero el árbitro no rectificó. En su consecuencia, el delantero tiró el penalti y decidió fallarlo. Curiosamente, los aficionados del Torres estuvieron encantados con el delantero “fallador”.

No es fácil imaginarse momentos como éstos, si Cristiano Ronaldo hubiera fallado el penalti tirado contra la Juventus en la vuelta de cuartos de “Champions” seguramente nos hubiéramos echado las manos a la cabeza. Igualmente con la acción del mismo Neymar después del penalti sobre Luis Suárez ante el PSG.

Sin embargo, en un partido de infantiles en Italia, el niño de 13 años Nicoló decidió tirar la pelota fuera porque pensaba que el árbitro se había equivocado. Su equipo, el ASD La Pelota-Aprilia quiso destacar el acto generoso: “Aquí, en un mundo cada vez más dedicado al egocentrismo, la indiferencia y la falta de valores, Nicoló ha dado una señal que debe hacernos reflexionar a todos, sobre las diferencias humanas en comparación con ganar o perder un partido. La pelota funciona sobre el campo, pero también sirve para mejorar a las personas”. 

El fútbol, cada vez más profesionalizado, necesita de esos gestos individuales y, además, de una mayor ética colectiva. Sería imperdonable que no fuéramos evolucionando para superar la idea generalista de “ganar como sea”, una actitud competitiva fuera de lugar. Siempre dije, cuando escribí del fútbol que jugábamos en nuestra niñez, que en aquellos partidos barriales no necesitábamos de entrenadores, de tácticas y, sobre todo, era llamativo que aquellos partidos se jugasen sin árbitros.

Porque todos conocíamos en nuestro fuero interno que, si alguien violentaba las normas de obligado cumplimiento a la que nos adheríamos mentalmente, la experiencia de los partidos infantiles de la época era que “El Gordo” podía tomar el balón y marcharse para su casa en cuyo caso el partido se suspendía en ese mismo momento. Es una asignatura pendiente aquello de “saber ganar” o “saber perder”, igual que el “fair play” debe ser un estado de ánimo en cualquier competición futbolística…