Sábado, 23 de junio de 2018

Algun@s tienen más cara que una caja de muñecas...

Se sabe de siempre que la ignorancia puede ser temporal, pero la estupidez es para siempre... Decía Don Quijote a Sancho: “sabete Sancho que no es un hombre más que otro sino hace más que otro”...

Para construir una vida feliz, se debe en primer lugar, razonar con sangre fría, como conviene a las inteligencias puras, y moderar la imaginación que exagera los males. Cuando se trata de crearlos, somos de una habilidad infinita; los aumentamos, los creemos singulares, y además insondables; hasta tendremos un cierto amor por el dolor, y lo queremos. Otro inconveniente que tiene esa imaginación traidora es el tender hacia alegrías inaccesibles; nos decepciona multiplicando espejismos que corremos para alcanzarlos; y engañados siempre no paramos de contar nuestros sinsabores.

Sepamos ver la vida como es; no le pidamos demasiado. Tenemos el presente en nuestras manos, pero el porvenir es una especie de charlatán, que  deslumbrándonos los ojos nos lo escamotea.

Pérez-Reverte en su libro el “Sol de Breda” define claramente lo que es un cobarde y transcribiendo sus palabras en boca de Alatriste: “Quien mata de lejos lo ignora todo sobre el acto de matar. Quien mata de lejos ninguna lección extrae de la vida ni de la muerte: ni arriesga, ni se mancha las manos de sangre, ni escucha la respiración del adversario, ni lee el espanto, el valor o la indiferencia en los ojos. Quien mata de lejos no prueba su brazo ni su corazón ni su conciencia, ni crea fantasmas que luego acudirán de noche, puntuales a la cita, durante el resto de su vida. Quien mata de lejos es un bellaco que encomienda a otros la tarea sucia y terrible que le es propia. Quien mata de lejos es peor que los otros hombres, porque ignora la cólera, y el odio, y la venganza, y la pasión terrible de la carne y de la sangre en contacto con el acero; pero también ignora la piedad y el remordimiento. Por eso, quien mata de lejos no sabe lo que se pierde”.

Estamos en España muy acostumbrados a ver matar de lejos. A tirar la piedra y a esconder la mano, a ir poco con la cara limpia y desnuda. Últimamente se ha convertido en un deporte permitido, incluso para una clase política hambrienta de títulos que necesita para contentar su conciencia ante tantos a los que han cercenado su vida de trabajo y mérito para llegar a donde han llegado. Los currículum se pueden falsificar, pero lo peor es engordar memorias a costa del trabajo ajeno para ascender y hundir al que se parte la espalda. Con las alforjas bien hinchadas de títulos se ocupan puestos de libre designación en la administración diseñados a medida, cátedras en universidades de prestigio estatales, privadas, internacionales, en definitiva  puertas giratorias en la administración estatal o internacional, al margen de las que surjan en multinacionales, etc… Puestos, eso sí, robados a gente válida que no podrá acceder nunca a ellos, ni para desarrollar su profesión y conocimientos verdaderos.

Esta crisis institucional, social y económica no hace más que resaltar, día tras día, la crisis de valores que nos afecta. España, mal que les pese a ciertas minorías, de todo tipo y corte, que sólo persiguen cobardemente sus fines, sólo saldrá adelante como tal, como Estado y como Nación. Con una fuerte unidad social y por ende política, en el sentido de remar en pro del bien de común. Trabajando todos los ciudadanos juntos y convencidos en una misma dirección que es la del sentido común y el bien de todos. Para poder forjar así las bases de un futuro común en el que no se pierdan los recursos y energías en temas que no aportan ni riqueza ni bienestar a los ciudadanos. No dudando en denunciar cualquier cosa que vaya en contra. España cada vez más está hecha de héroes anónimos que tiran de ella como pueden para poder subsistir, pensando que defender a España es también siempre sinónimo de Democracia.