Viernes, 20 de julio de 2018

Merlí

Estar lejos en tiempos de Internet abre las posibilidades de ver productos televisivos que si uno estuviera allá, probablemente… también vería… Y no, no hablo de Eurovisión que, por supuesto, veo casi todos los años. Este, más.

Ya he escrito más de una vez sobre que México, entre otras muchas cosas, me dio las versiones originales; yo, que protestaba cuando iba a los Van Dyck a ver una “con subtítulos”, hoy en día no aguanto una película o serie doblada y he podido disfrutar, en Netflix, de obras danesas (la serie “Rita”), suecas, ucranianas… O de la catalana “Merlí”. En catalán, por supuesto.

Una vez, un amigo me preguntó por "esa vaina de las autonomías que tienen ustedes los gallegos, chico". Ya saben que, por acá, todos somos gallegos; como también allá se generalizó “sudacas”, no le demos más vueltas.

En un intento de explicar, salió el asunto de los idiomas. ¿Entonces los gallegos, los catalanes y los vascos no hablan español? –de este lado del charco, no se suele diferenciar entre castellano y español, nos guste o no–; sí, claro que lo hablan, pero el castellano –ya ven, soy bilingüe– es, en esas zonas, tan oficial como el catalán, el gallego o el euskera, que, además, te tiene que quedar claro que son lenguas, tan importantes...

Ahí ya me quería salir lo filólogo y empecé a enrollarme, que el galaico-portugués, las lenguas romances, el euskera y su origen... No era por ahí. Terminé reflexionando sobre todo eso, y sobre la imagen que da de nosotros, sobre lo difícil que es para otros, los de acá, entender eso que a los naturales de allá nos ocupa tantos ratos, discusiones y presupuesto, amén de quebraderos de cabeza.

Concluía que un intento de algo que pueda considerarse solución es que llegue un día en un instituto de Salamanca llegue a ser normal estudiar catalán, o gallego, o euskera, como segunda o tercera lengua, según el plan de estudios de la ley en turno. Porque, como filólogo, siempre pensaré que las lenguas son riqueza, no armas arrojadizas.

En eso volví a pensar mientras veía la serie; aquí, en México, mucha gente me la había recomendado; qué les digo, hay buenas actuaciones, no todas, pero creo que está más cerca de “Un paso adelante” que de la “Rita” que les mencionaba. Es más, tendría que volver a ver “Segunda enseñanza”, de Ana Diosdado porque me da que, con todo y el paso del tiempo, era considerablemente mejor.

Porque “hacer pensar” a los estudiantes, o reivindicar la filosofía no es adoctrinar en un anticapitalismo “de cuñao”. Porque la banalización del sexo tiene consecuencias. Porque a los profesores “enrollaos” no siempre les sale todo bien y no siempre cambian la vida de tod@s sus alumn@s... Y sobre todo, porque no siempre son tan “enrollaos” como parecen.

Vamos, que me sirvió para, una vez más, leer entre líneas… Y entender muchas de las críticas a TV3.

Y para ser, como mi amigo Juan Luis Calbarro, un poco más tabarnés.

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