Sábado, 21 de julio de 2018

El astronauta

No sé si están entre las “hordas turísticas”, esas de las que hablaba ya Mújica Lainez en su novela Bomarzo. Parecía turismo en familia, la pareja y unos niños, pero eso no quita para que hayan venido a Salamanca a ver el astronauta. - Sí, vamos a ver el astronauta, decían. - ¿Dónde está? - Está en la catedral. Más de una vez a mí también me han preguntado en esta ciudad antigua llena de arte:  

 - Por favor, señor, ¡para ir a ver la rana? - Ah, sí. Miren, vayan por estas y estas calles y llegan a la catedral. Allí les  está esperando la rana. Pero no se les olvide mirar también la fachada renacentista de la Universidad. Me miraban con ojos que se le salín de las órbitas. Así está la vida, cada uno viene a lo que viene y cada uno va a lo que va. Puede ser que el astronauta  a algunos de los turistas que vernos a montones por nuestra ciudad, no les deje ver la catedral. Será, quizá por eso que se dice “que los árboles no dejan ver el bosque”. Puede ser, tantas cosas vemos y nos dicen y repiten en los medios hoy tan abundantes, algunas que ahora llaman “noticias falsas” (pero lo dicen en inglés), esas cosas tan llamativas que nos sostienen la mirada absorta y nos absorben el poco seso que nos queda; y así no vemos, no nos enteramos del mundo donde vivimos…, que puede ser que cualquier día nos explote entre las manos.