Viernes, 20 de julio de 2018

Atracar el Banco de España

El periodista Eduardo Inda, participando hace unos días en una de esas tertulias a las que muchos son adictos, puso un ejemplo para explicar cómo entendía él los delitos cometidos por los responsables de la simbólica declaración de la República Catalana.

A mí me encantaría poder asaltar el Banco de España, pero sé que si me pillan voy a la cárcel porque es un delito y hay que cumplir las leyes” Tal vez no sea literal pero si contiene el grueso de sus palabras. Se puede consultar la hemeroteca.

Cuando uno escucha sentencias como esta ¿podría concluir que el Sr. Inda no es un delincuente por miedo a ser detenido y encarcelado por violar la ley ?, pero… si pudiera tener la seguridad de no ser apresado ¿atracaría el Banco de España?

Puede que sólo se trate de un desafortunado ejemplo, pero da que pensar. Imagino que todos los delincuentes cometen sus fechorías en la confianza de no ser detenidos. Corruptos, violadores, asesinos, ladrones, etc.; son sabedores de que su conducta es delictiva lo que no impide que cometan sus fechorías, supongo que confiados en la impunidad de su acción.

Bajemos un poco la gravedad los casos. ¿Por qué nos ponemos el cinturón de seguridad en el coche o llevamos caso en la moto? ¿Por qué esperamos que el semáforo se ponga verde para cruzar o no atravesamos las vías en una estación de tren? ¿Por qué no robamos en una joyería o nos vamos sin pagar en un restaurante? Podemos hacerlo por diversos motivos: miedo a una multa, miedo a un atropello, miedo a ir a la cárcel. Pero también lo podemos hacer por proteger nuestra integridad personal, porque no nos gustaría que los demás lo hicieran, porque nuestros principios nos dicen que se deben respetar las leyes ya que ellas nos permiten viven en comunidad con garantías.

Creo que en ocasiones no somos conscientes de que muchas leyes o normas están pensadas para proteger nuestra vida o nuestra salud – prohibición de vender tabaco a los menores, penalizaciones cuando se conduce bajo los efectos de drogas, límites de velocidad, etc. – y con cierto desagradecimiento pensamos que están redactadas para complicarnos la existencia. ¿No resulta increíble que tengan que obligarnos a cumplir leyes destinadas a nuestra protección y amenazarnos con sanciones por su incumplimiento? ¿Qué es lo que nos mueve a cumplir o no cumplir con las leyes? Las respuestas pueden ser variadas pero no todas tiene el mismo peso en nuestro actuar cotidiano. Veamos un par de ejemplos.

¿Por qué no tomo la justicia por mi mano y mato a una persona que ha puesto fin a la vida de un ser querido? Puede que simplemente lo haga por miedo a las penas que conlleva, también puede que mis creencias religiosas me lo impidan ya que sólo Dios es dueño de nuestras vidas. Quizás mi razón esté sustentada en la declaración de los Derechos Humanos que ponen coto a este tipo de venganzas, incluso puede que lo haga porque estoy convencido de que si todos actuáramos de esta forma en alguna ocasión algún amigo, pariente, hijo, nieto, esposa, podría ser víctima de un allegado de mi victima que se cree con mi mismo derecho y entonces vuelta a empezar.

¿Por qué no cruzo un semáforo en rojo? ¿Por miedo a sufrir un atropello o una sanción o porque creo que la luz roja otorga el derecho de circular a los vehículos y deseo que cuando yo sea conductor ningún peatón viole mi derecho a pasar?. Dos personas situadas al pie del semáforo pueden actuar de la misma forma pero sus razones para hacerlo tal vez no son las mismas.

La novedosa, para la época, propuesta del filósofo alemán Immanuel Kant fue que nuestras acciones deben cumplir siempre con la siguiente máxima: actuar de modo que lo que hago pueda convertirse en ley universal[i]. Por tanto no debemos matar, salvo que creamos que todos los demás pueden actuar del mismo modo, tampoco mentir, ni robar, etc.; ya que si todos hiciéramos esas cosas la convivencia sería imposible.

Demócrito, el filósofo y matemático griego, defensor del atomismo[ii] afirmaba que “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”. Es casi seguro que el Sr. Inda o yo nunca atraquemos el Banco de España, yo sé muy bien cuáles son mis razones para no hacerlo, confío que él también.

 

[i] Expresión del imperativo categórico formulado en su obra “Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres”.

[ii] En las antiguas creencias, el átomo se definía como el elemento más pequeño, a la vez extenso e indivisible, del que están hechas todas las cosas. Átomos (del griego τομον, «que no se puede cortar», «indivisible».