Martes, 24 de abril de 2018

La ambigüedad es el camino hacia el caos

Vivimos en un país, sobre todo desde hace un par de décadas, en el que debemos estar situados en los primeros puestos del ranking mundial de la ambigüedad. Como lo estamos, por desgracia, en otros variados y penosos asuntos.

Pero no hay una escala para medir esto, la ambigüedad, y ni siquiera la mayoría de la población es consciente de ello. La ambigüedad sería un punto medio ficticio que iría entre la rigidez de las decisiones, leyes, razonamientos, y lo que llamamos el caos, o “ley de la selva”, como le llaman otros. Entre estos dos extremos.

La característica de la ambigüedad es que conduce a las relaciones humanas ( incluidas las políticas) y los actos, al peor punto posible. Podríamos poner miles de ejemplos de cómo el ciudadano medio español actual malvive entre la ambigüedad; pondré un par de ejemplos de asuntos importantes, generales, y luego pasaré a mencionar temas más cotidianos y concretos. Empiezo por el estado de la cuestión catalana:

Si hay una característica que defina más el complejo y paralizante desarrollo del llamado proceso catalán, es la ambigüedad: lo tristemente curioso del asunto es que tanto el Gobierno central, supuesto negociador o gestor, como el movimiento independentista, se sitúan en la cumbre de la ambigüedad, ambigüedad de comunicados, ambigüedad de leyes, ambigüedad de acciones, ambigüedad de conceptos:  presos políticos o políticos presos, violencia institucional o movimiento pacífico, diálogo o represión, intervención autoritaria, derecho a decidir…todo es tan discutible que parece que no se puede- quiere avanzar en ninguna dirección.

Otro ejemplo de calculada ambigüedad es la respuesta del gobierno al masivo movimiento de pensionistas en protesta contra la real bajada de las pensiones; la respuesta gubernamental se resume: “no hay bajada, aunque no haya subida, subirán un poco más, ALGUNAS pensiones, no todas, pues no se puede, no hay dinero, pero sí lo hay para dar dinero a las empresas que han construido autopistas inútiles y ruinosas”, etc.

Ambigüedad en las relaciones humanas: en España  la pareja actual vive  una crisis tan grave que nos acabamos de enterar que somos el segundo país europeo en índice de separaciones; las difíciles condiciones sociolaborales de mujeres y hombres no son ajenas a esta gravedad; los papeles femenino y masculino, las funciones de la madre, del padre, de los hijos, en la familia, son tan ambiguas en la actualidad que el diálogo necesario en una pareja resulta dificilísimo; la gran mayoría prefiere optar por la separación.

Ambigüedad de las normas, leyes, ordenamientos: en las ciudades ( al menos en la que resido) es muy difícil saber si algo está permitido o prohibido: aparcar en una calle peatonal, en un parque, ir a cualquier oficina pública sin cita previa… hay tantas excepciones que nadie se aclara. Está prohibido hacer ruido en los hospitales, en las iglesias, en los momentos de culto, en los conciertos de música clásica…pero cualquier lector puede comprobar y habrá vivido escenas en las que el ruido invade los sitios públicos hasta límites insospechados. Ambigüedad de las normas.

Al español actual le cuesta excesivamente decir sí o no: prefiere decidir ¡todo lo contrario! Nadie le ha enseñado a vivir fuera de la ambigüedad.