Viernes, 20 de julio de 2018

Haciendo historia - 15

La composición social de los mesteños, de acuerdo con la terminología gremial, distinguía cuatro categorías de ganaderos:

  1. Los Señores Ganaderos Trashumantes de Madrid, los mayores propietarios semovientes que los textos llaman de gruesos caudales, y que incluyen desde grandes de España a títulos menores y burguesía mercantil.
  2. Los monasterios y comunidades eclesiásticas, auténticas empresas agropecuarias, que fueron dotadas desde su fundación con una valiosa cabaña merinera.
  3. Los Ganaderos de Tierras Llanas, antiguos riberiegos mudados en trashumantes, que se hallan dispersos por el mapa pecuario.
  4. Los modestos Serranos, pastores agrupados en cuadrillas o asalariados de las grandes explotaciones, distribuidos en los cuatro distritos ganaderos del reino: León, Soria, Segovia y Cuenca.

Ello no es óbice para que el reformismo ilustrado de Carlos III y sus ministros incida sobre la corporación pecuaria. Es así como Campomanes desarrolla una política antimesteña, que tendrá como argumento central el pleito con la provincia de Extremadura, en el que tras la tesis de la reforma agraria se ocultaron los intereses de oligarcas y absentistas. Mas esta tentativa ilustrada caerá en su propia contradicción al querer desarrollar proyectos reformistas sin modificar la estructura estamental de la sociedad.

La invasión napoleónica de 1808 marca el punto de inflexión de nuestra granjería mesteña. Los sucesos bélicos y políticos propiciaron cambios socioeconómicos irreversibles. Muchos campesinos rompieron cañadas y pastizales e incumplieron las leyes pastoriles. La Mesta unió su suerte al absolutismo de Fernando VII ante el temor a estas revueltas y a la legislación liberal de las Cortes de Cádiz. La expansión del merino por el extranjero rompió nuestro monopolio internacional, como lamentaba el comerciante Benito Felipe de Gaminde: “Celosos los extranjeros de las utilidades que proporcionaba esta finca (la granjería lanar), llevaron a su suelo merinas españolas...” . Los ganaderos empezaron a desprenderse de sus explotaciones trashumantes por su carácter deficitario. Por eso, la supresión de la Mesta en 1836 y su sustitución por la Asociación General de Ganaderos del Reino, no fue más que el reflejo de una realidad económica desfavorable, máxime cuando sus privilegios se hicieron incompatibles con la igualdad formal ante la ley del régimen liberal. No fue sino la crónica de una muerte anunciada.

Mas el pastoreo migratorio persistió hasta el nuevo milenio. Dependiente de otras asociaciones y ministerios, pugnando con otros tipos de rompimientos en las cañadas, vadeando guerras civiles, las cabañas han seguido trashumando hasta hoy mismo. Por eso, y porque creemos en la función social del historiador, en el análisis del pasado para comprender mejor el presente, quiero dedicar el último tramo de la ponencia al estado actual de la trashumancia