Domingo, 22 de julio de 2018

Al mismo palacio real...

PALACIOS DEL ARZOBISPO |  El grupo de Teatro ‘Lazarillo de Tormes’ representó el sábado pasado la obra ‘Teresa, la jardinera de la luz’ en el marco del conjunto de actuaciones patrocinadas por la Diputación en la provincia

Palacios del Arzobispo perteneció a la Archidiócesis de Santiago de Compostela

“¿Pero dónde pretende llegar esta mujer? ¿Al mismo Palacio Real?”. Con estas palabras interroga un padre dominico representante de la Inquisición a un grupo de hermanas carmelitas que deseosas de acompañar a su madre Teresa en sus últimos momentos de vida, tienen que soportar el exhaustivo interrogatorio a que este hombre las somete. Acaban de llegar de un largo viaje en mulas, al convento de Alba de Tormes en el que su maestra está postrada, gravemente enferma. Y dentro de la iglesia, frente a ellas, un hombre oscuro representa subido a un púlpito todo lo que la cerrada sociedad de hombres del XVI supone, y revierte sobre un espíritu inteligente, libre e indómito como es el de Teresa de Jesús.

Con estas simples pinceladas se puede empezar a hacer el boceto de lo que la obra de teatro Teresa, la jardinera de la luz encierra, cosa que quien ha tenido la fortuna de verla sabe. A pesar de la brevedad de su guión, dos fenómenos se producen ante este montaje. Por una parte, se tiene la sensación de que el tiempo ha pasado rápidamente, y con él, sin apenas darnos cuenta, la larga vida de Teresa. Por otro lado, queda el convencimiento de que hay mucho que desbrozar en lo que se acaba de ver y oír, lo cual deja a la mayoría de los espectadores con ganas de volver a verla o al menos con el deseo de saber más cosas sobre la carmelita. Y descubrimos maravillados, que como dijo otro grande de nuestra literatura en uno de sus inolvidables clásicos, también Teresa “a los palacios subió y a las cabañas bajó”.

Hasta Palacios del Arzobispo llegó el grupo de teatro ‘Lazarillo de Tormes’, para poner de nuevo en escena, y a pesar de lo señalado de este sábado, Teresa, la jardinera de la luz. Estamos comprobando a lo largo de esta semana cómo la profesionalidad de este grupo teatral de aficionados, no sólo compete a su buen hacer en escena, sino a la rigurosidad con que cumplen con todas las actuaciones que de la mano de la Diputación de Salamanca se han programado, y para atender al mayor número de demandas posibles, no han dudado en actuar en estos señalados días de Semana Santa. Traer a nuestra escena la cercana realidad de la carmelita implica dar a conocer a una mujer que saltó todas las barreras de su tiempo, y eso debe imprimir carácter, como así lo demuestra ‘Lazarillo de Tormes’, con este interesante enfoque que nos están dando no sólo del personaje que nos ocupa sino de la nueva forma de hacerlo en un marco teatral que ellos han transformado de forma tan peculiar a la vez que ancestral: los altares de las iglesias.

Que Teresa de Jesús llegó al mismo palacio real no cabe duda, dado la buena relación que tuvo con su Majestad Felipe II, a quien se dirige en sus cartas con el trato que se daría a cualquier amigo. De ello deja constancia una de ellas, que en la obra lee una de las hermanas ante el padre inquisidor. Que todos sus esfuerzos se encaminaron a proteger a los más humildes, queda plasmado a lo largo del tiempo con las muchas fundaciones que realizó con la Reforma que de su Orden hizo, viajando siempre contra viento y marea para lograr alojar al mayor número de mujeres posible. Y que éstas se impregnaron de su espíritu y obras, se convierte en el eje en torno al cual gira la estructura dramática de Teresa, la jardinera de la luz, en la que los hábitos que visten las actrices que encarnan a sus hermanas carmelitas llenan la escena con tal ímpetu y simpatía, que arrastra ineludiblemente a los espectadores. Y la belleza de un corazón sincero y enamorado, brota de unos bellos poemas que declamados en escena conectan no sólo intelectualmente desde la literatura, sino con una sensibilidad capaz de llegar al alma de cualquiera.

Hubo un tiempo en que Palacios del Arzobispo perteneció a la Archidiócesis de Santiago de Compostela por cuestiones políticas; de ahí su peculiar topónimo, a pesar de la sencillez del lugar. En otro, el siglo XVI, en el que este pueblo ya perteneciera a la jurisdicción de Ledesma, una mujer, tan sólo una mujer, sin saberlo, trazaba un camino a la gloria, vana en la tierra en sus propias palabras, que la llevó muy alto. En su mundo religioso, aquellos que habitaron palacios, quisieron acabar con su sencilla forma de entender el mundo. Y en el altar de otra iglesia, la de san Juan Bautista, aquel que preparara el camino al Señor, el silencio del sábado de Gloria, se llenó una vez más de las palabras de una lúcida mujer que nos invita a buscar la más elevada, la de la luz.

www.lajardineradelaluz.com